Mauricio cerró la puerta de su pequeño local a las ocho de la noche, como lo hacía todos los días. Había pasado la jornada ofreciendo productos, respondiendo preguntas y ensayando descuentos para convencer a clientes que, en su mayoría, terminaban marchándose sin comprar. Durante seis meses había invertido ahorros, tiempo y esfuerzo en aquella tienda. También había pedido dinero prestado, reducido sus gastos personales y pospuesto varias asignaturas de la carrera que estudiaba por las noches. Sin embargo, las ventas continuaban por debajo de lo necesario para pagar el arriendo, los servicios y las cuotas de los proveedores.
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