Permita que su marca ejerza más allá de los conceptos de cajón

Sugiere en su libro, The Tao of power: Lao Tzu’s Classic Guide to Leadership, Influence, and Excellence, Lao Tzu, filósofo del siglo sexto a.C. que; ‘no debe uno depender de ideologías, porque hacerlo despojará su existencia de significado y le hará inadecuado para liderar’. Comparto la noción de Lao Tzu, y considero que la esencia de dicha afirmación también aplica para todo cuanto tiene que ver con las marcas.

Por esas mismas líneas, también sugirió Peter Drucker, reconocido y recordado educador austriaco-estadounidense; que ‘realmente vale poco lo que la industria suponga de su producción, ya que lo verdaderamente relevante es lo que el consumidor piense de aquello que está adquiriendo, así como el valor que el bien adquirido representa’.

Es decir y, según interpreto de las apreciaciones de ambos personajes que, en últimas lo que finalmente decide la intención de compra a su favor, es ‘todo aquello que el consumidor estima que va a recibir por su tiempo, interés, y dinero’.

El cliente es quien estima dicho valor en una especie de ‘ordenador emocional’ que, entre otros, realiza operaciones mentales sencillas tales como sumar, restar; decidir si algún aspecto es correcto o incorrecto; al igual que otras tantas actuaciones mucho más complejas, diga usted, por ejemplo; sopesar las posibles consecuencias de una determinada decisión en cuanto a sus ingresos en el porvenir, beneficios de afiliación, o demás retribuciones y compensaciones económicas.

En cuanto a la noción de valor, el quid del asunto es que el valor es un concepto subjetivo, multifacético, contextual, y aspiracional. Es decir que, nadie sabe a ciencia cierta por dónde saltará la liebre (una analogía para las elecciones que a diario realiza el consumidor en sus procesos de compra y; así sugieran los de neuromarketing con resonancia magnética en mano, cómo es que decide el consumidor, o el equivalente a tener siempre las bases llenas como en el beisbol; o si se quiere también, y en términos militares, ‘arrojo’, ‘justicia’, ‘unión’, ‘abnegación’: ¡Ajúa!).

Bajo tales circunstancias, me atrevo a sugerir que ganarán aquellas marcas que provean el mejor valor agregado de acuerdo con su audiencia objetivo. En ese orden de ideas, y a partir de varios de mis hallazgos en diversas investigaciones de mercado, sugiero que para las decisiones de intención de compra, la preferencia del consumidor por una determinada marca radica más en el aspecto emocional que el racional.

De hecho, el cliente, poco o nada optimiza sus opciones como para así sobrevivir con la mejor alternativa costo-efectiva-eficiente posible. El consumidor por el contrario, adquiere para progresar; elige por sentido de pertenencia y como para obtener alguna sensación de control y significado; compra para atraer la atención de los demás; decide como para sentirse bien consigo mismo.

Sin embargo, y a pesar de la evidencia disponible, algunas empresas o negocios, fundamentadas en la sabiduría convencional, destruyen sus ideales al compararlos y pretender imitar los de la competencia de manera inmisericorde.

Aunque el valor es una asunto que apasiona a los mercadólogos, algunos dedican interminables horas a confabular y decidir en incontables y exacerbantes comités sobre la senda lógica más indicada para su negocio; las características de producto; los beneficios; el empaque; el precio; el posicionamiento de marca, y demás tejemanejes del mercadeo para un determinado bien.

Por lo general, es así cómo los mercadólogos desconocen que el tema del valor es tan solo un asunto de intercambio entusiasta entre personas, y que la adrenalina que el proceso libera se da como resultado de la mutua interacción alentadora, como por las inigualables y demostradas experiencias de consumo.

Así pues, mi sugerencia para usted, es que ‘permita que su marca ejerza más allá de los conceptos de cajón’. Organice y promueva el emprendimiento creativo como para así favorecer el flujo constante de ideales sencillos, aunque poderosos, tal cual en favor de las actividades de marketing relevantes.

O mejor dicho, deje ya tanto comité y ‘hágale que no viene carro’, pues solo la acción lleva al desempeño. ¿Cierto que sí, jefe?