Cuando la burocracia suelta las amarras de la democracia
En Colombia, la burocracia se ha ido volviendo un laberinto rígido, politizado y opaco. Entre trámites que dilatan, auditorías que no disuaden y controles que no corrigen, la gestión legislativa ha cargado con etiquetas difíciles de sacudir: ineficiencia y descrédito. La medición de Transparencia Internacional para 2024 dejó a Colombia con 39/100 puntos y en la posición 92 de 180 países, un retroceso frente al año anterior; el mensaje de fondo es inequívoco: la corrupción percibida erosiona la confianza y, con ella, la legitimidad de las instituciones que deberían canalizar el conflicto y la esperanza democráticos.
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