Razones para adoptar un candidato

Se anticipa que el país está a punto de contagiarse de “fiebre electoral” ante la proximidad de los comicios de finales de octubre. Durante cuatro meses, campañas, encuestas y debates dominarán la agenda pública, mientras los ciudadanos deberán filtrar promesas, alianzas coyunturales y maniobras políticas que, elección tras elección, han erosionado la confianza en sus representantes.

En ese contexto comenzó la publicación de pronósticos electorales. Uno de los primeros fue el Panel de Votantes de la firma Cifras y Conceptos, dirigida por César Caballero, exdirector del DANE, divulgado en la edición del 4 de julio de la revista Semana. La encuestadora señaló que empleó una “metodología distinta, pero blindada”, sustentada en supuestos específicos que respaldaban sus hallazgos.

A partir de allí, y sin apoyarse en intención de voto alguna, se aventuran proyecciones para Bogotá partiendo de una hipótesis central: una ciudadanía cansada de que sus elegidos defrauden reiteradamente la confianza depositada en ellos.

Bajo esa premisa, el escenario proyectado ubicaría en primer lugar a Gustavo Petro, condicionado a que lograra moderar los rasgos que generan resistencia en ciertos sectores. En segundo lugar, aparecería Gina Parody, con una tendencia ascendente en mediciones posteriores. El tercer puesto correspondería a Enrique Peñalosa, seguido muy de cerca por Carlos Fernando Galán, sin diferencias estadísticamente significativas entre ambos. Finalmente, David Luna cerraría el grupo, destacándose por su perseverancia en la contienda.

En cuanto a otras figuras potenciales, se anticiparía que Antanas Mockus reconsideraría su aspiración, priorizando proyectos personales antes que una nueva campaña. Asimismo, el expresidente Álvaro Uribe Vélez enfrentaría el desgaste natural de los atributos que en su momento consolidaron su marca política —calidad percibida, familiaridad, popularidad, relevancia y diferenciación—, lo que podría conducirlo a explorar otros frentes de acción pública.

Más allá de nombres propios, surge una cuestión de fondo: ¿sobre qué bases deberían los ciudadanos elegir a sus candidatos? A falta de certezas sobre los criterios predominantes del electorado, se proponen reflexiones inspiradas en el enfoque de fortalezas en liderazgo desarrollado por Gallup y difundido en obras como First, Break All the Rules, Now, Discover Your Strengths y estudios posteriores sobre desempeño organizacional.

Cuatro ejes sintetizan este marco conceptual:

Desempeño. Personas orientadas a resultados, capaces de transformar ideas en acciones concretas y ejecutar con disciplina.

Influencia. Líderes con habilidad innata para movilizar voluntades, comunicar con claridad y representar eficazmente a sus equipos.

Desarrollo de relaciones. Individuos que fortalecen la cohesión, fomentan la colaboración y convierten grupos dispersos en equipos funcionales.

Pensamiento estratégico. Perfiles que analizan información con perspectiva, anticipan escenarios y mantienen al colectivo enfocado en objetivos de largo plazo.

Estos cuatro temas ofrecen un criterio alternativo para evaluar aspirantes a cargos públicos: más allá de discursos y eslóganes, importa la combinación equilibrada de ejecución, capacidad de influencia, construcción de equipo y visión estratégica.

Queda en manos del elector decidir si adopta un enfoque estructurado como este o si prefiere recurrir a la intuición tradicional. En cualquier caso, la calidad de la elección dependerá menos de la intensidad de la campaña y más de la rigurosidad con la que se evalúen las capacidades reales de quienes aspiran a gobernar.


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