¿Quién prospera en el entorno de los ‘deepfakes’ y la desinformación?

Una campaña política tan sucia como la que definirá los mandatarios regionales el próximo 29 de octubre en Colombia, en la que la estrategia de campaña se caracteriza por tácticas poco éticas, manipuladoras y engañosas empleadas por candidatos o partidos políticos para obtener una ventaja sobre sus oponentes, conlleva la difusión de información falsa, ataques personales, difamación y distorsión de los hechos.

Al respecto, el electorado colombiano ha percibido desde las candidaturas amparadas por el gobierno Petro, así como desde las que son apoyadas por la oposición, una serie tácticas cuestionables, entre las que se encuentran:

Publicidad negativa— Los candidatos o partidos políticos crean anuncios que atacan a sus oponentes, a menudo sacados de contexto o distorsionados para presentarlos de manera negativa.

Campañas de desprestigio— Difusión deliberada de información falsa o dañina sobre un candidato para dañar su reputación. Esto puede incluir rumores, historias inventadas o citas selectivas.

Agresión de personaje— Atacar el carácter personal de un oponente, enfocándose en sus errores pasados, su vida personal u otros temas delicados que no están relacionados con su capacidad de gobernar.

Desinformación y noticias falsas— Difundir información falsa o engañosa a través de las redes sociales, medios de comunicación o materiales de campaña para confundir o engañar a los votantes.

Campañas de susurros— Difundir rumores o chismes dañinos sobre un oponente entre grupos específicos de personas sin que se identifique la fuente.

Manipular la opinión pública— Utilizar tácticas psicológicas para manipular la percepción pública, como apelar a miedos, prejuicios o parcialidades para influir en las opiniones de los votantes.

Supresión de votantes— Participar en tácticas que desalienten o impidan que ciertos grupos de personas voten, como difundir información errónea sobre los lugares de votación, los requisitos de identificación de los votantes o las fechas de las elecciones.

Astroturfing (es una técnica de marketing y relaciones públicas basada en proyectar una imagen falsa de naturalidad y espontaneidad con el fin de ganar apoyo y viralidad)— Creación de movimientos u organizaciones de base falsos para dar la ilusión de un apoyo generalizado a un candidato o tema en particular.

Es importante señalar que las campañas políticas sucias son ampliamente criticadas y pueden tener efectos perjudiciales en el proceso democrático. Erosionan la confianza pública, polarizan a las comunidades y desvían la atención de las cuestiones y políticas reales que deberían ser el centro de los debates políticos.

En ese orden de ideas, también ha de saber usted que, con dicha práctica reprobable en un entorno de deepfakes y desinformación, son varias las entidades e los individuos que prosperan. A saber:

Actores maliciosos— Los ciberdelincuentes, los piratas informáticos y las personas con intenciones maliciosas pueden explotar los deepfakes y la desinformación para diversos fines, como difundir engaños, difamación o chantaje.

Campañas de desinformación— Actores estatales, grupos políticos u organizaciones con agendas podrían utilizar deepfakes y desinformación para manipular la opinión pública, sembrar discordia o influir en las elecciones.

Clickbait (algo, v.g. un título, diseñado para hacer que los lectores quieran hacer clic en un hipervínculo, especialmente cuando el vínculo conduce a contenido de dudoso valor o interés) y sensacionalismo— Los medios de comunicación o los sitios web que priorizan los clics y las vistas sobre la información precisa pueden crear y difundir contenido sensacionalista o engañoso, lo que genera un mayor tráfico e ingresos.

Teóricos de la conspiración— Los individuos o grupos que prosperan con las teorías de la conspiración pueden utilizar deepfakes y desinformación para respaldar sus narrativas, lo que dificulta que el público en general distinga la realidad de la ficción.

Manipuladores sociales— Los trolls en línea y los manipuladores de las redes sociales pueden explotar los deepfakes y la desinformación para crear confusión, provocar respuestas emocionales o acosar a las personas, lo que genera caos y división.

Grupos extremistas— Las ideologías extremistas y los grupos de odio podrían utilizar contenido manipulado para reforzar sus creencias, reclutar nuevos miembros o justificar acciones violentas.

Empresas sin escrúpulos— Las empresas involucradas en estafas, fraudes o prácticas poco éticas pueden utilizar deepfakes e información errónea para engañar a clientes potenciales, lo que genera ganancias financieras a expensas de los consumidores.

En fin, y tanto para las campañas políticas sucias, los deepfakes y la desinformación, es fundamental ser consumidores de información vigilantes y críticos para mitigar el impacto de las campañas políticas malintencionadas, los deepfakes y la desinformación en la sociedad. La verificación de datos, la educación en alfabetización mediática y las soluciones tecnológicas son cruciales para combatir dichos desafíos.


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