La otra parte de la autoconciencia

La autoconciencia nos ayuda a reconocer nuestros hábitos nocivos en el trabajo. No obstante, reconocer nuestra conducta menos ejemplar es solo la mitad de la vuelta; o como quien dice, debe uno emplear dicho conocimiento si pretende mejorar. ¿Cómo hacer para lograrlo? Sencillo, así:

Reflexione respecto a alguna situación que habrá de beneficiarse si cambia usted de enfoque, diga usted, por ejemplo: ¿Cuándo se es menos efectivo de lo que quisiera ser? ¿Cuándo sus métodos habituales no funcionan?

Acto seguido, considere por qué su enfoque no funciona y qué podría intentar en su lugar.

Luego, desarrolle un plan para la próxima vez que se encuentre en esa situación y ejercítelo de antemano. Por ejemplo, si se queda pegado cuando toque el balón y no vaya, sacándose así de la jugada. Reflexione sobre el porqué de dicho proceder.

¿Es usted de los que duda porque su confianza se ve mermada cuando le toca competir? ¿Requiere la aprobación de los demás? ¿Pierde la cuenta de cuánto tiempo pasa usted en su teléfono revisando contenido divertido pero que no aporta a su formación académica ni deportiva? Entonces, elabore un plan.

Puede ser que, le tome algo de tiempo recobrar la confianza en sí mismo, pero con la práctica, las metas claras, y la oportunidad de probarse en competencia, de seguro que lo logrará. Por lo demás, una vez recobre la autoconfianza, la opinión de los demás le resbalará. Y en últimas, es mera cuestión de autodisciplina la cantidad de tiempo que decida invertir clavado en su teléfono.

Es posible que dichas nuevas conductas no se sientan cómodas al principio, razón por la cual es importante ejercitarlas.