Deje ya de procrastinar la gestión de ese propósito dispendioso

Cuando percibimos lo engorroso que puede resultar algún propósito o, el trayecto o la forma de asumir su realización no es tan evidente, con frecuencia caemos en la tentación facilista de no hacer nada o dejarlo para otro día. Craso error, mi estimado. Al respecto, he aquí tres sugerencias para asumir dichos objetivos sin que la pereza lo consuma. A saber: 1) Contrate a un asesor o entrenador, o busque a un mentor. Contar con alguien que lo apoye y lo motive puede marcar una gran diferencia. Estos personajes pueden resultar particularmente útiles para comprometerlo, específicamente, cuando usted empieza a decirse a sí mismo que está ‘más embolatad que un perdido o que está muy ocupado’ como para avanzar en su propósito. 2) Establezca plazos para su gestión. No tiene que ser excesivamente apretados, diga usted, por ejemplo; ‘termino el libro que escribo en los próximos doce meses’. En su lugar, establezca metas más cortas y realizables, v.g., ‘terminaré el capítulo actual en ocho semanas’. Así logrará usted generar y conservar el ímpetu para la realización de su propósito. 3) Ocúpese del aprendizaje continuo. Si su objetivo está relacionado con alguna circunstancia en particular (presentar una conferencia magistral o jugar un partido de fútbol con el equipo de su alma mater), es sencillo desentenderse del aprendizaje una vez que concluya ese gran evento o propósito. Sin embargo, es oportuno una vez realizado el trabajo, consolidar su aprendizaje para así continuar su desarrollo profesional o personal. Procure incorporar de manera permanente en su agenda cotidiana las habilidades y los hábitos que adquirió en el proceso hacía la realización de ese gran propósito. O como quien dice, busque otras oportunidades para continuar perfeccionando sus habilidades de presentación oral o empiece alguna dinámica futbolera requerida y como para así ritualizar su práctica.