Compórtese como marca para incitar al éxito

Fueron otros los tiempos en los que participaron aquellos que antecedieron el desarrollo de negocio contemporáneo o, los consabidos ‘startups’ como les llaman en la actualidad a los ‘emprendedores’ o empresarios (que es la misma vaina) algo más esnob, pero la misma joda. En aquel entonces, se percibía una necesidad de mercado, se investigaban su potencial comercial y, si era viable y sostenible, se lanzaba al mercado sin tanta parafernalia digital y sin la colaboración de las redes sociales.

Muchos de estos negocios desarrollaron y consolidaron marcas que aún perduran después de tanto tiempo, y en cambio de tanto rimbombante ‘startup’ cuya longevidad es similar a la de un fósforo cuando se enciende.

Es así como, por estos días, germinan por doquier emprendimientos para resolver el ardiente deseo de empleo de su fundador. Si bien es cierto que, es esta una forma válida de inculcar el emprendimiento de negocio, también lo es que muchas de estas iniciativas tienen muy poca validación con qué determinar si otras personas tienen el mismo apetito por las susodichas soluciones.

Las marcas, así como los emprendimientos competentes entienden a su audiencia objetivo más allá de su necesidad emocional y funcional. Así mismo, comprenden la forma en que el producto habrá de suplir dichas exigencias. Hace rato mandaron a recoger aquello de golpear puertas y sentarse a esperar los ingresos.

Por lo general, alcanzar el éxito es solo cuestión de tener en cuenta al consumidor real, en vez del sinnúmero de casos hipotéticos de consumo que se plantean en el comité de marketing de los emprendedores contemporáneos.

Muchos de estos emprendedores, al igual que algunos inversionistas de negocio y ciertos optimistas tecnológicos incorregibles consideran que en la actualidad coexistimos en un entorno ‘pos-marca’, en el que la integridad del producto y su habilidad innata para resolver las necesidades del consumidor no requieren de ningún tipo de envoltura entre el mismo y su intención de uso. Se cree comúnmente en dicho entorno que, la experiencia y el decir del consumidor no requiere de mayor endulzante, considerando que dicha golosina ya es lo suficientemente dulce.

Como resultado de dicho parecer, algunos de estos emprendimientos hasta logran hacerse a una base de clientes sin siquiera invocar el vocablo de la ‘m’, denominando su proceder como ‘crecimiento hackeado’, tal cual dicta la moda contemporánea y en vez de llamarlo ‘marketing de desempeño’, como dicta la realidad.

Es común en dicho tipo de emprendimiento que el encargado del marketing aparece cuando ya el capital semilla ha desaparecido y la competencia entra en escena.

Si tanto el gestor como como el inversionista del emprendimiento insisten en asumir la noción de desarrollo de marca como un aspecto indulgente e innecesario del proceso, no podrán así entonces establecer el comportamiento ni los valores de negocio cuyo alcance están más allá del marketing.

El asunto no solo perjudicará las probabilidades de éxito del emprendimiento, sino también y, cada vez con mayor frecuencia, la sociedad en sí misma.