En el competitivo entorno del marketing contemporáneo, las marcas buscan constantemente fórmulas para sobresalir en la economía de la atención. Campañas impactantes, mensajes ambiguos y provocaciones cuidadosamente calibradas son herramientas comunes para atraer a un público disperso. Sin embargo, cuando el juego retórico pasa por encima de la sensibilidad cultural y el compromiso ético, el costo puede ser la identidad misma de la marca. Esto quedó en evidencia con la reciente controversia protagonizada por American Eagle y su embajadora Sydney Sweeney.
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