Una persona, en la era de la influencia

Resumen del ensayo

Este ensayo explora por qué, en un mundo saturado de información y evidencia, las personas siguen tomando decisiones sistemáticamente pobres en ámbitos políticos y de consumo. A través de dos ejes —la transformación contemporánea del concepto de persona y la erosión de la autoconciencia— se argumenta que la propaganda moderna no triunfa principalmente por refutar hechos, sino por reconfigurar las condiciones psicológicas y sociales bajo las cuales esos hechos son interpretados. El texto sostiene que la noción clásica de la persona como agente moral y deliberativo está siendo desplazada por un modelo operacional de “perfil”: un conjunto de datos y predisposiciones susceptible de segmentación, predicción y manipulación. En paralelo, la autoconciencia se presenta como una capacidad metacognitiva crucial, la “pausa” que permite evaluar motivos, emociones y presiones identitarias, y se muestra cómo los entornos digitales contemporáneos, optimizados para captar atención, reducen esa pausa mediante activación emocional, sobrecarga informativa y señalización de pertenencia. El ensayo compara propaganda política y persuasión comercial, destacando su arquitectura común (segmentación, narrativa, emoción y repetición) y respondiendo a objeciones típicas sobre eficiencia comunicativa, responsabilidad individual y libertad de expresión. Concluye proponiendo que la defensa de la evidencia requiere algo más que verificación factual: exige restaurar condiciones internas (autoconciencia) y externas (transparencia y rendición de cuentas) que permitan a las personas actuar como agentes, no como objetivos de ingeniería conductual.


Suele empezar con algo pequeño.

Una persona abre el teléfono para revisar una sola cosa —el clima, una tarea, un mensaje— y quince minutos después se encuentra en otro estado emocional. Un video le ha enfurecido. Un titular le ha dejado inquieta. Un anuncio le ha sembrado una incomodidad vaga con su vida. Ella no decidió sentir eso. Llegó primero, y solo después su mente empezó a fabricar razones.

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Cuando el carácter define el liderazgo: Bolívar superó el agravio; Petro gobierna desde él

La lectura del artículo publicado en el portal Pares, Cuando todos creían que Simón Bolívar iba a fracasar en la vida, invita a una reflexión que va más allá de la anécdota histórica. Más que reconstruir la infancia y juventud del Libertador, el texto ofrece una oportunidad para pensar el liderazgo como un proceso de transformación personal, de manejo del carácter y de superación de expectativas adversas. A partir de esa mirada, resulta inevitable establecer un contraste con el ejercicio contemporáneo del poder y preguntarse hasta qué punto los líderes actuales han logrado trascender sus propias heridas para gobernar con propósito, templanza y sentido de Estado.

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El vacío de la gestión en el gobierno de Gustavo Petro

Gobernar implica mucho más que interpretar la realidad existente o diagnosticar sus fallas estructurales. En su acepción más exigente, el ejercicio del poder político supone la capacidad de crear: diseñar soluciones viables, construir instituciones funcionales y transformar promesas en resultados verificables. Esta concepción, cercana a la lógica de la ingeniería más que a la de la retórica, ofrece un marco útil para analizar el mandato del presidente Gustavo Petro en Colombia y contrastarlo con los resultados concretos de su gestión.

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Los troperos digitales entran de lleno a las listas políticas (afectando su negocio)

En el escenario político reciente, las pantallas han dejado de ser simples vitrinas de propaganda para convertirse en trincheras de combate. Ya no se trata sólo de influenciadores que convierten su audiencia en votos, sino de activistas digitales dedicados a distorsionar la realidad, difundir verdades a medias, polarizar el debate y atacar sistemáticamente a opositores y contradictores. Esta mutación del espacio digital tiene efectos profundos tanto sobre los partidos políticos, entendidos como grupos organizados para conquistar y ejercer el poder, por la vía electoral o incluso revolucionaria, como sobre el propio poder político, es decir, la capacidad de influir en cómo se toman decisiones y se distribuyen recursos en una sociedad.

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¿Quién obtiene qué, cuándo y cómo? Claves para leer la campaña presidencial de 2026

En un contexto como el colombiano, que se prepara para las elecciones presidenciales de 2026, en un clima marcado por la polarización y la disputa sobre el rumbo del país, contar con herramientas conceptuales sólidas para analizar los mensajes políticos resulta fundamental. Las elecciones están programadas para el 31 de mayo de 2026, con la posibilidad de una segunda vuelta si ningún candidato alcanza la mayoría requerida.

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Si Petro pudo, cualquiera puede ser presidente de la República

La expresión “cualquiera puede ser presidente” alguna vez se interpretó como la esencia misma de la democracia: la idea de que el poder no está reservado para élites intocables, sino abierto a cualquier ciudadano con vocación de servicio. Pero la realidad reciente ha mostrado que, sin instituciones fuertes y sin una cultura política madura, esa frase puede torcerse hasta convertirse en una advertencia. Cuando el acceso a la presidencia deja de estar ligado a la preparación, la ética o la competencia, y pasa a depender del ruido, la polarización o la manipulación emocional, la promesa democrática se transforma en una carga para el país. No se trata de negar la igualdad política, sino de reconocer que la democracia se debilita cuando las sociedades exigen tan poco a quienes aspiran a gobernarlas. Lo que antes era esperanza, hoy puede sonar como una ironía amarga sobre los riesgos de no cuidar el valor del voto y la calidad del liderazgo.

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