A poco más de cinco meses de la primera vuelta, la candidatura de Roy Barreras enfrenta una realidad que no se resuelve con voluntad, discurso o agenda: con una intención de voto del 0,6 %, su opción presidencial se ubica en el margen estadístico y, sobre todo, fuera de los patrones que históricamente han definido a los ganadores en Colombia.
No se trata de una frase efectista ni de un prejuicio ideológico; se trata de la experiencia electoral comparada y de la dinámica concreta del sistema político colombiano, donde los aspirantes que terminan imponiéndose suelen consolidar una base visible (entre el 10 % y el 20 %) con varios meses de anticipación.
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