Lo que todo líder efecivo debe entender

Es cierto, no me merece ninguna simpatía, ni he de votar por el candidato que pretende expropiar las pensiones de un sinnúmero de colombianos, incluida la mía. Para ilustrar el carácter, así como las habilidades gerenciales del susodicho, nada mejor que una parábola para iluminar el entendimiento que aporta. Con certeza, la que aquí relaciono, usted ya la conoce.

Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo:

—Amiga rana, ¿puedes ayudarme a cruzar el río? Puedes llevarme a tu espalda…
—¿Que te lleve a mi espalda? —contestó la rana—. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda, sacarás tu aguijón, me picarás y me matarás. Lo siento, pero no puede ser.
—No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. ¿No ves que si te pincho con mi aguijón te hundirás en el agua y que yo, como no sé nadar, también me ahogaré?
Y la rana, después de pensárselo mucho se dijo a sí misma:
—Si este escorpión me pica a la mitad del río, nos ahogamos los dos. No creo que sea tan tonto como para hacerlo.
Y entonces, la rana se dirigió al escorpión y le dijo:
—Mira, escorpión. Lo he estado pensando y te voy a ayudar a cruzar el río…

El escorpión se colocó sobre la resbaladiza espalda de la rana y empezaron juntos a cruzar el río.
Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, en una zona del río donde había remolinos, el escorpión picó con su aguijón a la rana. De repente la rana sintió un fuerte picotazo y cómo el veneno mortal se extendía por su cuerpo. Y mientras se ahogaba, y veía cómo también con ella se ahogaba el escorpión, pudo sacar las últimas fuerzas que le quedaban para decirle:
—No entiendo nada… ¿Por qué lo has hecho? Tú también vas a morir.
Y entonces, el escorpión la miró y le respondió:
—Lo siento ranita. No he podido evitarlo. No puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme.
Y poco después de decir esto, desaparecieron los dos, el escorpión y la rana, debajo de las aguas del río.

La sabiduría convencional le motiva a pensar como la rana. La naturaleza de las personas cambia.

Cualquiera puede ser lo que quiera ser si se esfuerza lo suficiente. De hecho, como líder, es su deber dirigir dicha transformación. Diseñe normas y políticas para controlar las inclinaciones insurgentes de sus empleados. Instruir las habilidades y competencias para llenar los rasgos que carecen. Su mejor empeño como líder debe enfocarse en acallar o corregir lo que la naturaleza consideró adecuado proporcionar.

Los grandes líderes rechazan dicha noción de plano. Recuerdan lo que olvidó la rana: que cada individuo, así como el escorpión, es fiel a su naturaleza.

Reconocen que cada persona se motiva de manera diferente, que cada persona tiene su propia forma de pensar y su propio estilo de relacionarse con los demás. Saben que hay un límite en la cantidad de remodelación (‘retoques’) que pueden componer en alguien. Sin embargo, no lamentan dichas diferencias ni procuran pulirlas; por el contrario, las capitalizan. Intentan ayudar a cada persona a ser más y más de lo que ya es.

En esencia, esta es la noción que escuchamos reiteradamente por ‘bultos’ de líderes por doquier:

La gente no es mucho lo que cambia. No pierda el tiempo tratando de complementar los faltantes, ni pretender retirar lo deficiente que sí lleva consigo, pues, eso de por sí, es bastante complejo.

Dicha percepción es la fuente de su entendimiento. Explica todo lo que hacen con y por su gente. Es el fundamento de su éxito como líderes.

Esta noción es revolucionaria. Explica porqué los grandes líderes no creen que todos tengan un potencial ilimitado; porqué no ayudan a las personas a corregir sus debilidades; porqué insisten en romper la ‘norma de oro’ con cada empleado; y porqué tienen empleados preferidos. Explica porqué los grandes líderes quebrantan todas las normas de la sabiduría convencional.

Aunque parezca sencillo, esta es una percepción compleja y sutil. Si tergiversa usted la noción, podría encontrarse rápidamente considerando que los líderes deben ignorar las debilidades de las personas y que toda capacitación es una completa pérdida de tiempo. Ninguna de las dos son ciertas. Así como ocurre con cada mensaje o noción revolucionaria, todo tiene su explicación, pero eso, estimado, es una narrativa para una próxima oportunidad.