Como colombiano, percibo que la mala gobernanza del presidente de la República es una pesada carga que yo, junto con otros tantos, soportamos a diario. Se manifiesta de diversas maneras, proyecta una sombra sobre nuestras vidas y erosiona la confianza que depositamos en quienes se supone deben servirnos. Así pues, estoy harto de la falta de transparencia, la corrupción y el nepotismo ramplón, los servicios públicos ineficaces, la inestabilidad política, la violación de los derechos humanos, la mala gestión económica, el descuido de las preocupaciones ambientales, la falta de rendición de cuentas, el acceso limitado a la justicia, la falta de atención a los problemas sociales, la inseguridad, el desprecio por la opinión pública, la falta de planificación futura, el menosprecio por lo que han construido gobierno anteriores, el activismo populachero de sindicalistas mediocres y sin preparación académica, pero, sobre todo, estoy hastiado de ese poder intrascendente con el que el primer mandatario pretende gobernar a los colombianos.
Vivir bajo un gobierno deficiente es similar a viajar por La Guajira en carrotanque cargado de agua y sin una brújula confiable. Como ciudadano, anhelo un gobierno que escuche, valore la transparencia y se esfuerce genuinamente por mejorar las vidas de su gente. El camino hacia la buena gobernanza es un esfuerzo colectivo y es hora de que nuestros líderes reconozcan el profundo impacto que sus decisiones tienen en la vida diaria de aquellos a quienes se les ha confiado servir.
Es decir que, estabilidad es lo que el inquilino de la Casa de Nariño debería proveer a los colombianos en lugar de tanto trino populachero y demostración de poder intrascendente.
En ese orden de ideas, ha de saber que, la incertidumbre es parte de la vida y del entorno de los negocios. Aunque, ¿cómo se puede liderar a las personas cuando las inflexiones, las interrupciones, las dislocaciones y las mencionadas condiciones de amenaza parecen agravarse constantemente?
Al respecto, el susodicho mandatario, puede ensayar estas tácticas (aptas hasta para los no matemáticos) para ayudarle a involucrar tanto a sus ministros como a su séquito de aduladores en las circunstancias tumultuosas como las que el ‘gobierno del cambio’ tiene sumido al país. A saber:
Generar confianza— En un entorno volátil, conviértase en una fuerza estabilizadora. Esto significa ser confiable, predecible y coherente con sus colaboradores de gobierno.
Comunicar una visión— Trazar un cuadro del porvenir e inspire a otros hacia él. En tiempos de extrema incertidumbre, una visión brinda a las personas una motivación duradera más allá de su instinto de supervivencia.
Incrementar la honestidad y la transparencia— No hay nada peor que un líder que intenta crear una falsa certeza con una retórica que no coincide con la realidad. Sea sincero con su gente y no haga promesas que no pueda cumplir.
Considere la incertidumbre como una oportunidad— Desarticule el temor por la incertidumbre y sustitúyalo con confianza, curiosidad y anticipación. Los tiempos turbulentos son una oportunidad para que sus ministros o empleados ayuden a reinventar su país, su empresa o comercio, o su lugar en él.
Reconocer y abordar las consecuencias de la mala gobernanza es fundamental para fomentar la rendición de cuentas, la transparencia y el desarrollo sostenible del país.
Es imperativo abordar estas consecuencias a través de medidas proactivas como promover la buena gobernanza, garantizar la transparencia, fomentar la rendición de cuentas e implementar políticas que prioricen el bienestar y el desarrollo de la nación. Un compromiso con el liderazgo y la gobernanza éticos es esencial para construir una sociedad resiliente, próspera y justa.
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