La coyuntura del burro

Para buena parte de la opinión pública colombiana, el éxito de la VI Cumbre de las AméricasConectando las Américas: socios para la prosperidad— quedaría asegurado en cuanto el Air Force One tocara pista hoy en el aeropuerto Rafael Núñez de Cartagena. Otros sectores, en cambio, anticipan que el encuentro será “mucho ruido y pocas nueces”: Cuba seguirá marginada; Hugo Chávez y Rafael Correa permanecerán como personas no gratas; la actual estrategia de la guerra contra las drogas no variará; las islas Malvinas continuarán bajo control británico, y el resto de la agenda política apenas se moverá.

Ante ese panorama, voces críticas reclaman un liderazgo dispuesto a innovar las instituciones y a motivar a sus miembros a “salir del recuadro”, es decir, a volverlas más abiertas y cercanas al ciudadano. Sin embargo, la percepción predominante apunta a que ocurrirá lo contrario: se reforzará la “ley del terror” —o del jefe político de turno— y los cargos se llenarán de personal servil, ajeno a las necesidades de la población.

En ese contexto, abundan las prerrogativas vinculadas a la implementación del TLC con Estados Unidos y al avance de la locomotora minera, a menudo en detrimento de los campesinos “de ruana y chancleta”. Mientras tanto, la burocracia se prepara —así como “Demo” (el icónico burro de los demócratas)— y listo para asistir para asistir al boato diplomático.

Aunque la escena resulta familiar en la región —“con el rancho ardiendo”—, analistas insisten en que, en tiempos convulsos, solo el tesón de quienes se atreven a marcar la diferencia permitirá que la institucionalidad, ese hogar colectivo al que todos apelan, avance de manera significativa.


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