Fortificando el marketing como corresponde

En una época donde los obstáculos se encuentran por doquier; el porvenir de los negocios es caótico en su máxima expresión. En un entorno en el que confluye la diversidad generacional con el frenesí tecnológico, las exigencias para prosperar son el pan de cada día: adaptabilidad y profesionales multitalentosos de mente dispuesta a adoptar la inestabilidad, así como a tolerar y disfrutar el reentender de su profesión en el entorno de marketing, el modelo de negocio y las presunciones de mercado.

Todavía tengo fresquito en la memoria, el día en que tomé la alternativa en estas lidias como mercadólogo a finales de la década de los ochenta: la plaza, una agencia de publicidad, y el mentor, un publicista.

Recuerdo cómo en aquel entonces, mi mentor, sin despelucarse (bueno, quizás un poquito), concebía estrategias de comunicación efectivas para los clientes, coordinaba la inversión del presupuesto, preparaba las presentaciones de campaña, resolvía inconvenientes, revisaba y aprobaba la facturación, preparaba presentaciones para nuevos negocios, analizaba la competencia y el entorno de mercado, almorzaba y cenaba con los clientes. Esto y mucho más, solo como pretexto para decir apaciblemente a los clientes que, todo saldría de maravilla.

Jijuele, hasta recuerdo que, le preguntaba cómo hacía para que le rindiera un montón. ‘No es gran cosa’, solía contestar.

Sin embargo, y después de todo, resulto ser, particularmente, por estos días de delirio comercial en el entorno digital que, sí era gran cosa; aunque, recién empiece a percibir el valor de la lección que por aquel entonces pretendió mi recordado mentor transmitir.

Encaja por completo. De hecho, encaja a las mil maravillas: La transparencia, la honestidad y las relaciones solidarias, conllevan significado, fortuna y desarrollo para el negocio como para la existencia profesional o personal.

Mi mentor, veneraba la publicidad, aunque no como un fin sino como un medio. La publicidad era la forma con la que se conectaba con la gente. Lo impulsaba la necesidad de sus clientes, no la de satisfacer su ego profesional, ni la alharaca del entorno de mercado competitivo.

La agencia, por aquel entonces, terminó convertida en una especie de templo sagrado, a la que acudían clientes de todos los calibres para resolver sus incógnitas. Asumirlas como propias, resguardarlas y ser el consejero de confianza del cliente, fue el propósito profesional de mi mentor.

Cada vez que, estimó que podía utilizar sus conexiones, así como su experiencia para ayudar a los clientes a ahorrar tiempo, dinero y ese ‘malestar’ propio de la frustración, así lo hizo. Profundizaba cada vez más sus relaciones comerciales, agregaba valor, nuevos servicios, recursos y suministros. No escatimaba y, todo, por ver satisfechos a los clientes.

Al enfocar continua y creativamente su gestión en los asuntos relevantes del cliente, agregó valor, así como significado a la razón de ser de su negocio que; es mucho más de lo que puedo decir a favor de la realidad de ese esperpento que hoy, muchos, llaman, marketing digital. Lo propio, así como mi mentor o yo, puede usted lograr como profesional en el entorno de marketing. Y, suerte en su empeño, es que le digo.