El aspecto de la rivalidad que pasamos por alto

Como mercadólogo que, en su cotidianidad acostumbra a analizar a la competencia, me sorprende lo mucho que en común tienen los competidores entre sí. Llámense Procter & Gamble o Unilever; Samsung o Apple; el América o el Deportivo Cali, y Fede Valverde o James Rodríguez, entre otros: ¿Qué rivalidades son más intensas? ¿Puede un equipo tener más de un rival? ¿Qué pasa si la animadversión no es correspondida? No quiere decir esto, por supuesto, que la rivalidad esté fuera de lugar, o que el tema tenga que adoptarse como un asunto de reconocimiento mutuo entre las partes.

Todo lo contrario, de hecho. Esta semana, ‘The New York Times’ publicó los resultados de un estudio sobre la esencia de las rivalidades deportivas en los Estados Unidos. Incluso para aquellos que no son fanáticos, la noción de trasfondo es totalmente fascinante.

Los hallazgos develaron aquello que constituye una gran rivalidad, y no necesariamente tiene solo que ver con la proximidad (como la que existe entre América y Deportivo Cali, Millonarios y Santa Fe, o Nacional e Independiente Medellín, entre otros):

‘Si el desempeño de los equipos está terriblemente desajustado, la ferocidad competitiva disminuye’.

Al respecto, la mezcla es algo más compleja o, como quien dice, debe haber un cierto equilibrio competitivo, un sentido de conjunto igualitario, así como cierto grado de familiaridad. Lo que separa a un rival de un competidor, según B. David Tyler, uno de los profesores que compiló el estudio, es que ‘no percibimos una amenaza de alguien que no es tan similar a nosotros’. En sentido coloquial, según el profe Tyler, ‘un martillo no ve a un clavo como su rival’.

Y sin embargo, ese aspecto de la rivalidad se pasa por alto con demasiada frecuencia. Algunos de los grandes clásicos del fútbol tienen su fundamento en alguna diferencia de identidad: Inter y AC Milán, o Real Madrid y Barcelona, o Boca Juniors y River Plate, por mencionar solo unos cuantos. No obstante, otros tantos se fundamentan en algo que, a su manera, puede ser igual de nocivo, tal cual generar la misma clase de hostilidad: la ‘similitud’.

Mencionar el asunto no habrá de disminuir la rivalidad, como en efecto descubrieron el profe Tyler y su colega, y a pesar de que sí haya sido útil esclarecer. América y el Deportivo Cali tienen mucho más en común de lo que cualquiera de sus hinchas quisiera admitir. De hecho, es porque perciben tanto de sí mismos los unos en los otros que, independiente de las falencias deportivas de ambos equipos, el clásico en el Pascual Guerrero sigue siendo el partido más relevante del fútbol de la Sultana del Valle.