Se ha repetido tantas veces que ya parece un lugar común; no obstante, sigue siendo válido: el primer intento rara vez está a la altura de las expectativas. Este ensayo no busca desalentar, sino aclarar una confusión frecuente entre quienes emprenden: emprendedores, dueños de pymes, comerciantes, vendedores habituales y universitarios: empezar no es sinónimo de “realizarlo perfecto”. De hecho, son casi opuestos. Mientras la perfección exige certezas, pulidos y garantías, empezar demanda acción (solo la acción lleva al desempeño), hipótesis y tolerancia al error. El desajuste entre lo que se imagina y lo que se obtiene en la primera versión no es un fracaso; es el mecanismo por el que el proyecto aprende a convertirse en algo valioso.
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