Quiere jugar fútbol en la liga profesional, pero no le interesan la calistenia, recuperar el balón cuando lo pierde ni marcar al contrario, dice Caliman, de apenas once años. Quizá no lo exprese así, pero en la cancha no hace ni lo uno ni lo otro.
Algo similar ocurre cuando un cliente concibe un concepto “innovador” y no está dispuesto a aceptar el rechazo al salir a venderlo. “Siempre a lo bien, parce” suena favorable, pero la vida no nos ofrece solo lo agradable: también toca untarse de melcocha. De hecho, nadie elegiría una ruta garantizada al éxito en cada intento; sería aburrida. ¿Qué sería de una montaña rusa sin el ascenso?
En lugar de sorprenderse por los contratiempos, conviene agradecerlos: el rechazo, el renqueo, las observaciones del técnico y demás adversidades indican que se eligió la realidad sobre la fantasía. Eso significa no escatimar esfuerzos y apostar por el trabajo arduo, la entrega y la resiliencia, en vez de imaginar que siempre se estará cantando el gol.
Como Caliman entenderá a su debido tiempo, todo objetivo incluye lo fastidioso (la calistenia, recuperar el balón, marcar al rival) y no queda más que asumirlo con integridad y profesionalismo.
Ayer fue Lewandowski —dorsal 9 del Borussia Dortmund— con su póker de goles ante el Real Madrid en la ida de la semifinal de la UEFA Champions League. En la vuelta, quizá sea Cristiano Ronaldo, aunque las probabilidades están en su contra, y a estas alturas el Barça ya “huele a gladiolo”.
¿Siempre a lo bien, parce? No, Caliman… ¡Don Quijote no está aquí!
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