Que el temor a la incertidumbre no gobierne sus decisiones

Entre una agenda de trabajo a reventar, los compromisos familiares que no dan espera, las escapadas con los amigos que nunca faltan, y demás obligaciones de nuestro quehacer cotidiano, sin aludir siquiera, el tiempo que invierte uno en mantenerse saludable (caminatas, trote, y gimnasio), más los espacios ocasionales que destinamos a la reflexión, es supremamente complejo encajar tanta actividad dentro de un esquema existencial productivo.

En la medida que procuramos mantener al día tanto compromiso, no es de extrañar que nos habituemos a tomar atajos que faciliten dar cumplimiento a la agenda cotidiana. Así entonces, podemos elegir el permanecer más tiempo en la oficina o frente a la pantalla del dispositivo móvil, renunciar al tiempo de esparcimiento, o postergar el tiempo que compartimos con familiares o amigos.

Es más, se ve por ahí con frecuencia, cómo la gente permite que el temor (‘a la incertidumbre, ha de ser’) regule su proceso de decisión, lo cual a la postre, viene siendo motivo de arrepentimiento.

Puede ser, el temor a patrocinar incondicionalmente la expectativa profesional del hijo futbolista, a no ganar suficiente dinero, a la desaprobación de otros y, así por el estilo con tantos otros desasosiegos, muchas personas permiten que el temor a la incertidumbre se imponga al momento de tomar decisiones.

En lugar de asumir riesgos aventurados y seguir su entusiasmo o intuición, algunas personas se preocupan por la eventual posibilidad de que no cumplirán con ciertos modelos tradicionales que ellos o los demás tienen para sí mismos y, a cambio optan por tomar decisiones dentro del recuadro convencional al que están acostumbrados.

Por supuesto, no hay formula infalible ni certera, así como tampoco es posible trazar una estrategia para realizar un proyecto de vida libre de equivocaciones y sin remordimiento.

Sin embargo, a mí se me ocurre que, escuchar a los papás, destinar tiempo para la reflexión, velar por el bienestar personal, y ser consciente de su propio sistema de valores y lo que es importante para usted como persona y como profesional puede ayudarlo a tomar decisiones algo más exentas de eventual arrepentimiento.

Con seguridad, algunos remordimientos lograremos superar, aunque, así mismo, otros tantos también prevalecerán hasta el final de nuestros días.