Dinastías y democracias

Porque comparto la idea de que “los latinoamericanos somos un pueblo en exceso politizado; creemos, erróneamente, que los cambios sociales que valen la pena proceden principalmente de la política…” (Ways, T. 2019, 21 noviembre. Milagros como el clip. El Tiempo, 1.11); porque entiendo que “hemos aportado tan poco al progreso de la humanidad, ‘que’ nunca aprendimos en carne propia que las mayores transformaciones sociales no nacen de las marchas y las arengas, sino del ingenio y el comercio… (Ways, T. 2019, 21 noviembre. Milagros como el clip. El Tiempo, 1.11) y; porque percibo que las manifestaciones de protesta, más allá de exteriorizar la frustración personal de cada quien, el fervor popular, tal cual dejar a su paso una estela de destrucción, poco o nada harán por la transformación democrática de nuestro país. De allí, el motivo por el cual me aventuro a compartir, ‘Dinastías y democracias’, un aparte del libro de Alvin Toffler, ‘El cambio del poder’.

En cualquier sistema, democrático o no, es necesario que haya una cierta congruencia entre la forma en que un pueblo crea riqueza y en cómo se gobierna. Si los sistemas político y económico tienen profundas disimilitudes, el uno acabará por destruir al otro.

Sólo dos veces antes en toda la historia de la humanidad el hombre ha inventado una forma nueva de crear riqueza. Y cada una de estas dos veces, inventó nuevas formas de Gobierno que las acompañaran.

La propagación de la agricultura acabó con las agrupaciones tribales, las partidas de cazadores y otros ordenamientos sociales y políticos, que se vieron sustituidos por las ciudades-estado, los reinos dinásticos y los imperios feudales. La Revolución Industrial, a su vez, barrió muchos de estos ordenamientos. Con la producción en masa, el consumo en masa y los medios de comunicación de masas, en muchos países surgió un sistema equivalente: la “democracia de las masas”.

Sin embargo, la democracia de las masas tropezó con una enconada resistencia. Las antiguas fuerzas del agrarismo feudal —la pequeña aristocracia rural, las iglesias jerárquicas y sus apologistas intelectuales y culturales— opusieron resistencia, astucia y lucha abierta al naciente industrialismo y a la democracia de masas que solía llevar consigo.

A decir verdad, la principal contienda política en todas las sociedades de la era de las chimeneas no ha sido, como muchos imaginan, entre la izquierda y la derecha, sino entre los administradores del agrarismo de la Primera Ola y sus valores, por una parte, y las fuerzas del “modernismo” industrial de la Segunda Ola, por la otra.

Tales luchas por el poder suelen ser libradas bajo otras banderas, el nacionalismo, por ejemplo, o la religión, o los derechos civiles. Adoptan muchas formas, y asolan todas las instituciones de la sociedad. Inciden en la vida familiar, las relaciones entre sexos, el ambiente escolar, el entorno profesional, el mundo de las artes y, cómo no, el de la política. Por lo general, se camuflan y son en extremo confusas. Pero se libran terriblemente en serio.

Si es cierto que una nueva economía basada en el conocimiento está remplazando a la producción de la era de las chimeneas, hemos de esperar una lucha histórica para rehacer nuestras instituciones políticas y volverlas congruentes con la nueva y revolucionaria economía.

Todas las sociedades industriales se enfrentan ya a crisis convergentes —crisis en todos sus sistemas más básicos: urbanísticos, sanitarios, de bienestar social, de transportes y ecológicos—. Los políticos de la era de las chimeneas siguen respondiendo a estas crisis de una en una, con variantes en los viejos enfoques. Pero pueden ser insolubles con las instituciones existentes, diseñadas para una sociedad masificada.

Además, la naciente economía nos plantea problemas y crisis totalmente nuevos que destrozan los supuestos y las alianzas convencionales de la era de la democracia de masas.

Referencia bibliográfica—
Toffler, A. (1990). Políticas del cambio de poder. Los decenios decisivos. Dinastías y democracias. El cambio del poder, 288-289. Barcelona: Plaza & Janes Editores.