Desconfíe si le dicen que no requiere de una estrategia para exceder

Existen las mentiras: las hay, tanto monumentales como blancas, y luego están los mitos. Y de los tres, los mitos son los peores.

A menos que se haya encerrado en una cámara de resonancia allá en las redes sociales, las mentiras son fáciles de detectar. Excepto, diga usted, por ejemplo, cuando la mentira es monumental. Las personas que escuchan o leen mentiras monumentales empiezan a dudar de sí mismas y a pensar que ‘quizás entendieron mal’. Esa es la razón por la cual los políticos y los propagandistas dicen mentiras monumentales. No pretenden afirmar una verdad tanto como sembrar la inquietud, así como confundir a la audiencia sobre aquello que sí es real. Eso es incorrecto y nada ético, aunque una persona con ‘cinco dedos de frente’ puede resistir una mentira monumental al observar el panorama completo y la evidencia disponible.

Los mitos presentan un tipo de engaño distinto, más sutil que, es lo que hace que incluso las personas capaces caigan en la trampa. Por lo general, se basan en una verdad a medias digna de ser aplaudida, y no lo desvían inmediatamente si usted comienza a actuar sobre ella. Es solo con el paso del tiempo que uno se da cuenta de que ha cometido un error a causa del engaño, pero para entonces la decisión equivocada no se puede deshacer y el daño ya estará hecho.

Los mitos los encuentra uno en la mayoría de los dominios del esfuerzo humano, y la disciplina del pensamiento estratégico no es la excepción. Por eso y como para que ‘no le metan gato por liebre’, he aquí el primero de varios mitos perniciosos que he encontrado a lo largo de mi trayectoria de formación como de asesoría estratégica profesional para empresas y negocios:

Uno no necesariamente requiere de una estrategia para exceder; con la mera agilidad basta.

¿Por qué es esta una verdad a medias digna de ser aplaudida? Las empresas ágiles, particularmente, los emprendimientos, siempre procuran la más mínima inversión y, ciertamente no siguen ningún tipo de plan. En ese orden de ideas y viendo lo que hacen este tipo de empresas ‘agiles’, es fácil suponer que, lo único que se requiere es actuar con rapidez, ejercer con ritmo exigente y ser muy receptivo.

¿Qué hay de malo en esta percepción? Ante todo que, la agilidad no es una estrategia. Es una capacidad, una muy valiosa habilidad que tiene beneficios operativos inmediatos, pero que no puede afectar de manera permanente la posición competitiva de una empresa a menos que haya un estratega que tome las decisiones correctas sobre dónde dirigir esa capacidad.

Y la aparente ausencia de un plan no significa que las empresas exitosas no tengan estrategias. Una estrategia no es un plan, es un marco contextual para la toma de decisiones, un conjunto de principios rectores que pueden aplicarse a medida que la situación evoluciona. Y la mayoría de los emprendimientos fracasan porque el hecho de poder maniobrar con poco presupuesto no significa que se dirigen en la dirección indicada.

En realidad, los emprendimientos exitosos reflexionan mucho sobre los fundamentos, cuestionando, evaluando y probando las suposiciones de base con un rigor que los empresarios en ejercicio harían bien en emular. La mayoría de los emprendimientos se ven obligadas a actuar con ‘agilidad’, porque sus recursos son extremadamente escasos.

Si no tienen usted una estrategia coherente, optará por las malas decisiones de asignación de recursos, y por ello no solo disminuirán sus ganancias, sino que su empresa o negocio o en lo personal, entrará en barrena y el porrazo será inevitable.