Cuatro fundamentos para moderar el sesgo en su comunicación

Los sesgos cognitivos afectan la forma en que las personas procesan la información y la toma de decisiones. Con frecuencia consideramos que el sesgo es perjudicial, aunque es preferible evitar tildarlo de ‘bueno’ o ‘malo’, ya que solo es eso, sesgo, que por lo demás, es una función cognitiva normal, como lo es el desarrollo de los hábitos o la resolución de contratiempos. El sesgo está preconcebido para ayudarnos a resolver cuatro dilemas:

  1. Exceso de información,
  2. Déficit de información,
  3. Agilidad en el proceder,
  4. Aquello que debemos recordar y aquello que debemos descartar.

Sin embargo, y al igual que el desarrollo de los hábitos, el sesgo cognitivo con frecuencia se aplica de forma negativa, diga usted, por ejemplo, lo sencillo que es por estos días difundir y amplificar las noticias falsas con tanta rapidez. En ese orden de ideas, es aquí donde entra en juego la autocrítica, la empatía, la atención y el ejercicio profesional íntegro.

El sesgo está por todas partes: lo tiene usted, lo tengo yo, lo tiene todo el mundo. Comprenderlo, así como ser conscientes de nuestros propios prejuicios es relevante para todos, aunque como publicistas (2. m. y f.) o comunicadores de profesión, tenemos una responsabilidad aún mayor de gestionar el sesgo en la comunicación en beneficio de nuestra profesión, nuestra audiencia, las empresas, las organizaciones, y los clientes a los cuales servimos.

El tema cobra cada vez más mayor relevancia con la proliferación de la patanería y el jayanear en las redes sociales, aunque por ahí no faltará quien considere no estar sesgado, que es el peor sesgo de todos: el de tipo ignorante. O como quien dice, el sesgo nos domina con relación al empeño que ponemos para estar constantemente conscientes de él.

Así pues, y como para la reflexión, he aquí cuatro nociones al respecto que a usted también le podrán ser de utilidad:

Procure entender y asimilar primero antes de proceder— El primer y más relevante paso es comprender cuáles son nuestros prejuicios. Si carece usted de esa conciencia sobre sí mismo, no puede hacer nada para mitigarlo porque no percibe que hay un inconveniente.

Pretenda la exposición con personas diversas y puntos de vista opuestos— Por lo general, procuramos rodearnos de personas semejantes. Eso no tiene nada de malo, aunque sí es un inconveniente a la hora de percibir nuestros prejuicios, ya que nos impide desarrollar una mayor empatía en torno a cómo perciben las personas que son distintas a nosotros. Toca ser proactivo al respecto: encuentre diversas fuentes noticiosas, visite portales web o siga cuentas en redes sociales con afinidades distintas a las suyas. Ocúpese del asunto lo suficiente como para enterarse de las experiencias de otras personas, tal cual reconocer que su experiencia personal no es universal.

Parte de aceptar que el punto de vista de uno no es universal, es reconocer la posibilidad de que se tiene dificultades para juzgar ‘qué puede o no ser conflictivo’ en sus mensajes o contenido.

Considere un filtro que incorpore ‘representación’, ‘experiencia’, ‘accesibilidad’, ‘compensación’, ‘reducción de perjuicio’— Después de zarandear su conciencia y pretender mejorar constantemente su marco de conocimiento en torno al sesgo, el paso a seguir es disponer de un proceso que lo ayude a ejercer su comunicación bajo esta nueva perspectiva.

Un filtro que incorpore ‘representación’, ‘experiencia’, ‘accesibilidad’, ‘compensación’, ‘reducción de perjuicio’ nos sugiere considerar las siguientes áreas a la hora de revisar el contenido al que accedemos: cultura, religión, género, transgénero y no binario, personas con discapacidad, aquellos con diferentes niveles de ingresos, gente de diversas edades, personas de diferentes tipos de comunidades o etnicidad, nivel educativo, situación familiar o profesional, afiliación política.

Determine si el contenido perjudicial— Considere si acaso el contenido: ¿Refuerza involuntariamente los estereotipos? ¿El lenguaje empleado refuerza los binarios de género? (utilización de ‘él’ o ‘ella’ en lugar de usar ‘ellos’) ¿Hace generalizaciones respecto a grupos de personas? (v.g. ‘La generación digital está perdida’.) ¿Emplea un lenguaje que estigmatiza los diagnósticos médicos, particularmente, aquellos que tienen que ver con la salud mental (v.g. ‘Usted es un loco’, ‘usted es un obsesivo compulsivo’, ‘se le nota el déficit de atención’) ¿Utiliza clichés o frases que estereotipan o estigmatizan?

Este es uno de los aspectos más desafiantes del sesgo, considerando que el tema tiene que ver con los hábitos. Así mismo, está relacionado con la sintaxis que empleamos en nuestro contenido, las cosas que acostumbramos a decir que, desde nuestra perspectiva nada tienen que ver con prejuicios o suposiciones.

En fin, evitar el sesgo en la comunicación es todo un proceso. Es abrumador y puede parecer una situación de no ganar. Es entendible, aunque como todo, toco empezar por algún lado. No obstante, en la medida que uno se hace consciente de los prejuicios del entorno que nos embargan, se hace más sencillo trabajar para evitarlo y así lograr ser más cognitivo en nuestra labor.

No es tan sencillo evitar la tentación del sesgo, aunque sí es un asunto relevante que debe descartarse de la comunicación. Como publicistas (2. m. y f.) o comunicadores de profesión es una responsabilidad ética.