Cuando el espejo del poder distorsiona la realidad: una analogía entre malos jefes y el liderazgo de Gustavo Petro

Un artículo de Fast Company que recién captó mi atención porque explora una problemática común en los entornos laborales: ‘los malos jefes que, paradójicamente, creen que están desempeñando sus roles de manera efectiva’. A través de un análisis basado en investigaciones y observaciones de comportamiento, el texto desentraña cómo factores como la falta de autoconciencia, una percepción sesgada de su impacto en el equipo y la ausencia de retroalimentación honesta contribuyen a esta desconexión.

Los malos líderes tienden a sobrevalorar sus habilidades debido al ‘efecto Dunning-Kruger’, donde aquellos con bajo rendimiento no reconocen sus propias deficiencias. Además, las dinámicas de poder pueden distorsionar su perspectiva, ya que los empleados suelen evitar confrontarlos con críticas sinceras. El artículo también destaca cómo ciertos estilos de liderazgo tóxico, como la microgestión o el autoritarismo, son justificados por los jefes bajo la premisa de que conducen a resultados, aunque a largo plazo dañen la moral y la productividad.

El texto concluye con un llamado a la introspección y el aprendizaje continuo como herramientas clave para cerrar la brecha entre la percepción y la realidad, fomentando un liderazgo más consciente y efectivo.

Así pues, y desde mi perspectiva; el liderazgo, ya sea en un entorno empresarial o gubernamental, requiere un delicado equilibrio entre visión, gestión y sensibilidad hacia quienes están bajo su influencia. Sin embargo, cuando ese balance se rompe, surge un fenómeno que afecta a muchos malos jefes: la desconexión entre la percepción que tienen de su desempeño y la realidad que experimentan los demás.

Una desconexión que bien puede encontrarse en la forma en que el presidente Gustavo Petro ejerce su mandato en Colombia.

Al igual que los malos jefes descritos en el artículo, Petro, parece operar bajo una lógica en la que su visión y decisiones son intrínsecamente correctas, independientemente de los resultados tangibles o las voces de desacuerdo.

Esta percepción podría estar influenciada por el ‘efecto Dunning-Kruger’, donde los líderes menos efectivos sobreestiman sus capacidades y no reconocen sus propias deficiencias.

Petro, a menudo, presenta sus decisiones como parte de un plan mayor de transformación social, aunque los indicadores económicos o el descontento social sugieran una historia diferente. Esto genera una narrativa de autocomplacencia, donde los éxitos se magnifican y los fracasos se justifican bajo la premisa de una resistencia al cambio o de enemigos del progreso.

La microgestión de una Nación

Los malos jefes suelen caer en la microgestión, creyendo que su supervisión constante es la única forma de garantizar resultados. De manera similar, el estilo de liderazgo de Petro refleja una tendencia a centralizar decisiones clave y minimizar la autonomía de otros actores, como el Congreso, las regiones o incluso sectores privados.

Este tipo de liderazgo, aunque puede dar una impresión de control, a menudo resulta en desconfianza y paralización, impidiendo que el ‘equipo’ (en este caso, el país) funcione de manera óptima.

Retroalimentación silenciada

Otro punto crítico señalado en el artículo es cómo el poder puede silenciar la retroalimentación sincera.

En el caso de Petro, las voces críticas —ya sean de la oposición, los medios de comunicación, o incluso de miembros de su propio gabinete— suelen ser etiquetadas como hostiles o parte de una narrativa conspirativa. Esta dinámica crea un entorno en el que el liderazgo se vuelve impermeable a la crítica constructiva, perpetuando una percepción distorsionada de éxito.

Las consecuencias de la desconexión

El liderazgo desconectado puede llevar a una baja moral, desconfianza y falta de motivación en los equipos.

En el caso de Colombia, estas dinámicas son evidentes en el desencanto de ciertos sectores sociales que inicialmente apoyaron a Petro, pero que hoy ven con preocupación el rumbo del país.

Esta desconexión genera incertidumbre económica y social, afectando no solo a quienes están directamente involucrados, sino también a emprendedores, pequeños empresarios y profesionales que dependen de un entorno estable y predecible.

Aprender de los errores

Al igual que los malos jefes pueden mejorar si aceptan críticas y trabajan en sus puntos débiles, el liderazgo de Petro podría beneficiarse enormemente de una mayor apertura al diálogo y de una evaluación honesta de sus políticas. Reconocer los errores no es señal de debilidad, sino de un compromiso real con el cambio y el progreso.

En el ámbito empresarial, este análisis ofrece una lección importante: los líderes efectivos no solo deben mirar hacia adelante con visión, sino también hacia atrás con reflexión y hacia los lados con escucha activa. Solo así se puede evitar caer en la trampa de creer que lo estamos haciendo bien, cuando en realidad estamos dejando a nuestro equipo o país detrás.

En últimas, el liderazgo, ya sea en una oficina o en la presidencia de una nación, no se trata solo de imponer una visión, sino de construir un camino compartido hacia objetivos comunes.

Como líderes en nuestras propias esferas —seamos estudiantes, emprendedores o profesionales— podemos aprender de estas lecciones para construir relaciones más auténticas y productivas con quienes nos rodean.


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