Cualquiera tiene propósito, aunque no todos tienen conciencia

El propósito es la razón de ser de una empresa o negocio, y hasta de una persona. El propósito es la base permanente de su estrategia. Toda empresa o negocio, y hasta las personas, tenemos un propósito (explícito o no). Sin embargo, muy pocos tenemos conciencia —aunque el asunto parece estar cambiando, según deduzco de los hallazgos y conclusiones de unos grupos focales con jóvenes entre los 16 y los 24 años de todas las tendencias políticas en Colombia; auspiciado por la organización filantrópica Luminate—. Sobre la noción de propósito y conciencia, ha de saber usted, y como para ser evidentes que, la mafia tiene un propósito, aunque la conciencia es otro cuentos totalmente distinta.

Al respecto, y si quizás usted también recuerda a Tony Soprano de la popular serie televisiva, Los Sopranos; cuando en algún capítulo, pretendió explicar a su psiquiatra la naturaleza de su negocio: “Cuidar de los que nos rodean, velando siempre por su bienestar y el de sus familias, para toda la vida. Protegiendo nuestro medio ambiente, cuidando las materias primas, dando seguridad a los productores, reciclando nuestros residuos”.

Como deducirán del ejemplo, todos tienen un propósito, incluso, hasta la mafia, aunque pocos tienen conciencia y menos aún, son exactos en la forma en que la definen.

La conciencia requiere sinceridad más que autenticidad— Para las empresas, los negocios y hasta las personas, ser fieles a sí mismos significa preocuparse y admitir su vulnerabilidad, y tomar decisiones audaces en concordancia.

Diga usted, por ejemplo, y como sugiere Alfonso Gómez Méndez en cuanto a los candidatos presidenciales, ¿estarían dispuestos a no patrocinar el intercambio de votos por puestos, contratos o canonjías? ¿Rechazarían apoyos de quienes en el pasado hayan hecho esos intercambios? ¿No aceptarían financiación de contratistas a quienes luego tendrían que recompensar?

O, para el entorno empresarial y de negocio, dejar de colaborar con otras firmas que no cumplan con los estándares de conducta; asumir la responsabilidad por los errores que perjudica a la sociedad; abandonar negocios o acuerdos que ya no son legítimos. O como quien dice, ser coherente entre lo que la empresa, el negocio, y hasta usted piensa, hace y dice.

Actuar con honestidad y orientar su actividad económica o personal por los valores sin excepción, son dos de las características esenciales que la sociedad contemporánea exige de su entorno (empresarial, de negocio o personal).

La diferencia fundamental entre ser auténtico y sincero es que una empresa, negocio o persona puede ser auténtica y comportarse sin sentido de la moral o la ética, mientras por el contrario es imposible pensar en una empresa, negocio o persona sincera que se comporte de manera deshonesta.

Por un lado, todos tenemos experiencias con alguna empresa, negocio o persona grosera, insensible y abusiva que son auténticas pero rara vez son fieles a sí mismas, como conscientes de los demás. Por el otro lado, la sinceridad consiste en reconocer que la empresa, el negocio y la persona gestiona en un entorno que va más allá de sus propios límites.

Al respecto, la cuestión es reflexionar su impacto en el planeta, ser consciente de sí mismo, tener un propósito e ir más allá de las cifras para confirmar y expresar su naturaleza real.

Ser sincero, significa entender que existe un modo de asumir la existencia y el trabajo centrado por sus valores, hasta en el más mínimo detalle. Es solo así que, una empresa, negocio o persona puede transformar su marca en una que sea realmente genuina e inspiradora.

Otro aspecto fundamental de la noción de propósito y conciencia es que la autenticidad es un comportamiento innato y, por el contrario, la honestidad es adquirida.

Los bebés son auténticos, los niños aprenden a comportarse con sinceridad. Lo mismo puede ocurrir con las empresas o los negocios.

La autenticidad empresarial, de negocio o hasta la personal es una definición más amplia que considera todo el espectro de ser leal a sí mismo, mientras que la sinceridad está más enfocada, aporta entendimiento, diligencia y una perspectiva mayor que la propia.

La gente cree en las marcas honradas— Tiene gran beneficio ser fiel a lo que es la empresa, el negocio y hasta la persona, permitiendo que el público reconozca cómo se comporta a conciencia.

Por lo demás, la sociedad exige a la empresa, el negocio y a la persona un impacto social y medioambiental favorable, ello no significa que la finalidad lucrativa (que es necesaria) se tenga que esconder como si fuera una actitud fraudulenta.

Es absolutamente válido reconocer lo necesarias que son las ‘utilidades’, aunque siendo comprensivo con la audiencia respecto a la forma en que se comunica una empresa, negocio o persona. He ahí, la sinceridad.

Las marcas que intentan navegar el entorno contemporáneo de conciencia y sinceridad deben actuar de manera distinta, creyendo profundamente en su forma de pensar, en los valores que representan, haciendo lo correcto y siendo honestas sobre sus motivaciones.

Ejercer con honestidad y orientarse por los valores sin excepción son dos de las características esenciales que la sociedad actual exige de las empresas, los negocios y las personas.

Si ser honesto y consciente genera un revestimiento más profundo de formalidad y respeto. Percibir a los demás facilita alcanzar el siguiente nivel, uno que por lo demás, exige cada vez más de todas las partes involucradas, incluida la ciudadanía.

El propósito de conciencia es una parte inherente del negocio. El propósito nace con cualquier empresa, negocio o persona que exprese su razón de ser.

En ese orden de ideas, el propósito debe estar ligado a la empresa, el negocio o la persona y, es factible articularlo porque los objetivos estratégicos nacen y se alinean con dicha razón de ser.

Ante todo, el desafío para el liderazgo es comprender el significado real y trascendental del propósito, interpretándolo en una misión y una visión viable. Es una cuestión de alineación, coherencia y consistencia.

Estos, son la base para mejorar el desempeño empresarial, de negocio o personal, no solo en términos de lograr mejores resultados comerciales y financieros, sino también en generar un impacto favorable para el entorno.

Se debe integrar un propósito consciente en todos los aspectos de la forma en que las empresas, los negocios y las personas gestionan comercialmente.

Desde la óptica existencial, el propósito se entiende al revés; aunque hay que ejercerlo hacia adelante. O como quien dice, si el propósito cambia, la empresa, el negocio o la persona debe cambiar, esencialmente, porque debe reinventarse, rediseñarse y reiniciarse para ejercer en un nuevo porvenir aspiracional. Este es un aspecto fundamental de la noción de conciencia y sinceridad que a menudo se malinterpreta.

Al respecto, hacer explícito un propósito consciente es un buen primer paso.

Desde la practicidad, un buen primer paso es hacer explícito el propósito y, si ya está presente, asegurarse de que realmente es la razón de ser de la empresa, el negocio o la persona y no una mera narrativa asertiva concebida por el área de marketing o comunicación.

Para reforzar, profundizar y, sobre todo, impulsar un propósito, además de hacerlo explícito, las empresas, los negocios o las personas deben interpretarlo continuamente en objetivos comerciales precisos asociados y, a su vez, estos últimos deben representarse en acciones y comportamientos visibles.

De esta manera, garantiza usted, la capacidad de respuesta ejecutiva en favor del grupo objetivo fundamental de la empresa y se convierte en el desencadenante de una transformación y un desarrollo excepcional.

Así pues, los pasos indiscutibles para hacer del propósito una experiencia significativa en la cotidianidad incluyen:

  • Reflexionar, ejercer y manifestar (en dicho orden).
  • Medir el impacto de cómo ejerce su propósito la empresa, el negocio o la persona.
  • Responsabilizar de las consecuencias a los líderes del equipo.
  • Garantizar que todas las partes interesadas entiendan y compartan la razón de ser de la empresa, el negocio o la persona.
  • Desarrollar los atributos, la narrativa y la cotidianidad de la empresa, el negocio o la persona en su entorno.

Marca y propósito, marcas con conciencia— La identidad de marca tiene como objetivo desarrollar un significado realista de la empresa, el negocio o la persona en su interacción con la audiencia, de forma independiente, aunque incluyendo la parte que cada quien interpreta como ciudadano.

Por lo demás, cuando el propósito incluye el impacto en la sociedad y el medio ambiente, la marca como plataforma comercial ayuda a demostrar la conciencia de la empresa, el negocio o la persona sin mencionar los asuntos internos de gobierno, gestión e inversión.

Las empresas, los negocios y las personas que ejercen acorde con su propósito crean valor, generan resultados sobresalientes e incluso pueden ejercer un impacto favorable en su entorno.

Por el contrario, y en últimas, si la empresa, el negocio o la persona no cumple a cabalidad y honestamente con su propósito, la promesa y la razón de ser de la marca serán básicamente palabras al viento.