Cinco sugerencias para la toma de decisiones deliberadas sin exagerar

Cuando se está en una posición de liderazgo en alguna empresa o negocio relevante, parte de su labor es tomar decisiones. Cientos de opciones impulsan la visión, la estrategia y la dirección de cada uno de los productos del portafolio. Así pues, tomar tantas decisiones puede influir en el nivel de estrés. Y el estrés hará que usted pierda interminables horas en rodeos mentales improductivos, analizando infinidad de variables para tomar las decisiones ‘acertadas’. Así mismo, el estrés lo pondrá a reflexionar sobre el porvenir e imaginar, diga usted, por ejemplo, todas las formas en que un lanzamiento de mercado podría salir mal. O como quien dice, terminará castigándose a sí mismo por malgastar tiempo y energía deliberando en lugar de actuar (‘solo desempeño lleva a la acción’). Tenga presente que, tanta deliberación, en lugar se ser una fortaleza, terminará por debilitarlo.

En ese orden de ideas, algunos líderes son más sensibles que otros y, al respecto, la investigación sugiere que las personas sensibles tienen circuitos cerebrales y neuroquímicos más activos en áreas relacionadas con el procesamiento mental. Quiere decir esto que la mente de un líder sensible no solo recibe más información, sino que también procesa dicha información de una manera más compleja. Los líderes sensibles a menudo son reconocidos por la forma en que exploran ángulos y matices. Sin embargo, también son más susceptibles al estrés y a las preocupaciones.

La deliberación es una cualidad de liderazgo admirable y esencial que indudablemente produce mejores resultados.

No obstante, en ciertas ocasiones la toma de decisiones deliberadas puede llegar a convertirse en un mero ejercicio infructuoso de reflexión excesiva. En ese orden de ideas, y por si acaso su estilo de liderazgo se ajusta al parámetro del ‘líder sensible’, he aquí cinco sugerencias para controlar y contener el ciclo de reflexión excesiva, y como para que usted aún pueda tomar decisiones acertadas, pero de manera más ágil.

Controle su ansiedad por el perfeccionismo— El perfeccionismo es uno de los mayores obstáculos para la toma de decisiones agiles, puesto que opera bajo el supuesto equivocado de ‘todo o nada’. Para detener dicha propensión, cuestione elementos tales como: ¿Qué podría hacer ahora para acercarme a mi objetivo? ¿O cuál es el paso para seguir en función de la información que tengo disponible? Después de todo, es mucho más sencillo pensar y actuar hacia un único paso siguiente en lugar de intentar proyectar meses o años en el porvenir.

Adecue el inconveniente— Vale la pena reflexionar sobre algunas decisiones, mientras que otras no. Para el efecto, anote qué objetivos, prioridades o personas de su entorno se verán afectadas. Esto le ayudará a diferenciar entre lo que es relevante y aquello con lo que no vale la pena obsesionarse.

Así mismo, y si le preocupa la posibilidad de una instigación de decisiones, verifique la prueba ‘triple 10’: Cuando la perspectiva de darse un porrazo contra el planeta se apodere de usted, considere cómo se sentirá con la decisión adoptada dentro de 10 semanas, o 10 meses, o 10 años. Lo más seguro es que la elección sea intrascendente o que ni siquiera recuerde que haya sido por algún problema de consecuencias mayores. Sus respuestas al susodicho interrogante pueden ayudarlo a poner los respectivos asuntos en perspectiva y concentrar así la motivación necesaria para proceder.

Preste atención a su intuición— Cuando de decisiones complejas se trata, su reacción instintiva suele ser un dato primordial, particularmente, si el tiempo disponible es escaso o cuando no se cuenta con toda la información necesaria. La información recabada de previas investigaciones sugiere que, asociar la intuición con el pensamiento analítico nos ayuda a elegir mejor, de manera más ágil y precisa, como que nos brinda mayor confianza en nuestras decisiones que, si solo confiamos y basamos nuestra elección en el intelecto. La intuición funciona como un juego de combinación de patrones mentales.

El cerebro considera una situación, evalúa rápidamente todas sus experiencias y luego toma la mejor decisión dado el contexto.

Este proceso automático es más rápido que el pensamiento racional, lo que significa que la intuición es una herramienta necesaria para la toma de decisiones cuando el tiempo apremia y la información acostumbrada no está disponible. Quiere decir esto que, confiar en la cognición ágil, así como en hilar delgado, permite que el cerebro tome decisiones razonables sin exceder la deliberación.

Evite el agotamiento por la deliberación excesiva— Uno asume cientos de decisiones al día; desde qué desayunar hasta cómo responder un correo electrónico, y cada una de estas agota nuestros recursos mentales y emocionales. Las probabilidades de que uno reflexione en exceso aumentan cuando se está agotado, por lo que cuanto más pueda uno descartar las decisiones menores, más energía tendrá para aquellas que son realmente relevantes.

En ese orden de ideas, es oportuno crear rutinas y hábitos para conservar su capacidad intelectual. Busque oportunidades para eliminar ciertas decisiones de tajo; diga usted, por ejemplo, instituir las mejores prácticas y protocolos estandarizados, delegar o retirarse de los comités.

Implementar restricciones creativas— Determine un lapso (con fecha y hora) en la que adoptará las decisiones. Regístrelo en su calendario, establezca un recordatorio en su dispositivo digital o hasta comuníquese con aquellas personas que dependen de su decisión y hágales saber cuándo les contactará de nuevo al respecto.

Es posible que usted también esté familiarizado con la Ley de Parkinson, aquella que establece que el trabajo se expande hasta el momento en que lo permitimos. O como quien dice, si usted le asigna un mes para desarrollar su presentación de marketing para el próximo comité, le tomará exactamente un mes crear dicha presentación. Pero si solo tuviera una semana, terminaría la misma presentación en menos tiempo.

La investigación sugiere que en los ‘líderes sensibles’, un principio similar ocurre: la reflexión excesiva se expande el tiempo que los susodichos lo permitan. Es decir que, si se otorga usted una semana para reflexionar algún tema particular que puede resolver en una hora, terminara usted perdiendo una cantidad excesiva de tiempo y energía.

En últimas, tenga presente que la reflexión profunda le brinda una gran ventaja competitiva, aunque si exagera usted dicha deliberación, el asunto podrá revertirse en su contra, la de su empresa o negocio.