Imagine entrar en un taller bullicioso a principios del siglo XIX: el sonido metálico de la maquinaria resuena en el aire, los trabajadores se apresuran atendiendo equipos de vapor recién inventados, y el tenue olor a carbón quemado impregna la atmósfera. Este es el comienzo de la Revolución Industrial, una era que cambiaría para siempre la forma en que se producen los bienes, cómo trabaja la gente e incluso nuestra concepción del diseño. Mucho antes de que se formalizara el término diseño industrial, las transformaciones de este período sentaron las bases para que los diseñadores prosperaran como profesionales especializados que moldeaban productos para satisfacer tanto las demandas del mercado masivo como las necesidades humanas.
Read More »

Debe estar conectado para enviar un comentario.