Colombia llega a la recta final del cuatrienio 2022-2026 con crecimiento económico insuficiente (1,7 % en 2024 y solo 2,4 % previstos para 2025), inflación aún por encima del objetivo (5 % anual en mayo 2025) y una tasa de interés de referencia que se mantiene en 9,25 % pese a la presión política para bajarla.(1) (2) (3) A ello se suma una desconfianza extendida hacia el poder Ejecutivo —58 % de desaprobación del presidente Gustavo Petro—(4) y un Congreso empantanado que ha frenado su agenda, incluida la consulta popular sobre la reforma laboral (49 votos contra 47).(5) Mientras la popularidad del petrismo ronda apenas el 32 %, la oposición sigue fragmentada, manteniendo vivo un escenario de polarización tóxica.(6) En materia de seguridad, el país cerró 2024 con una tasa nacional de homicidios de 25,9 por cada 100 000 habitantes y episodios de violencia política como el atentado contra el precandidato Miguel Uribe Turbay.(7)
En este contexto, ocupar la Casa de Nariño en 2026 exige algo más que carisma. Se necesitan variables de gestión sólidas y atributos personales excepcionales que garanticen gobernabilidad, credibilidad y resultados.
Variables de gestión imprescindibles
| Variable | Qué implica | Por qué es crítica en 2026 |
| Construcción de gobernabilidad | Capacidad de articular mayorías estables con Congreso, gobernaciones y alcaldías sin caer en clientelismo. | La “minoría intensa” de cualquier bloque (32 % vs. 65 % opositor) obliga a pactos transversales para legislar y evitar el bloqueo permanente.(8) |
| Planeación estratégica basada en evidencia | Diagnóstico realista, priorización de problemas (seguridad, empleo, salud, educación) e indicadores clave de desempeño (KPIs) públicos trimestrales. | Con un 72 % que cree que el país “va por mal camino”, exhibir métricas verificables será clave para recuperar confianza.(9) |
| Gestión técnica del Estado | Gabinete meritocrático y blindaje institucional frente a cuotas políticas. | La captura de entes reguladores y superintendencias ha sido fuente de escándalo y parálisis; un presidente deberá desmarcarse de esa práctica desde el día uno. |
| Política económica responsable | Reglas fiscales claras, diálogo tripartito empresa-trabajador-Estado y señales de estabilidad para inversión. | Con crecimiento apenas por encima del 2 % y tasas elevadas, la credibilidad macro será el termómetro de empleo y riesgo país.(10) (11) |
| Restablecimiento del orden democrático | Respeto a Corte Constitucional, medios y oposición; protección efectiva de la protesta pacífica; reformas negociadas. | Las sospechas de “constituyente por decreto” y choques con los órganos de control han erosionado la institucionalidad; revertir esa percepción es esencial.(12) |
| Comunicación institucional creíble | Información veraz y oportuna, gestión de crisis 24/7, cero propagandas divisivas. | La desinformación y la violencia política, v.g. atentado a Uribe Turbay, exigen un relato estatal que informe sin inflamar.(13) |
Atributos personales del próximo(a) presidente(a)
- Carácter firme, no autoritario
- Tomar decisiones difíciles sin socavar contrapesos.
- Resistir presiones ilegítimas de actores armados, poderes económicos o redes clientelares.
- Inteligencia emocional
- Tolerancia a la crítica y capacidad de autocorrección pública.
- Empatía con víctimas de la violencia y con regiones históricamente relegadas.
- Sentido de país, no de tribu
- Superar la narrativa “ellos vs. nosotros” que alimenta la polarización.
- Gobernar para mayorías y minorías, evitando revanchismos.
- Visión de largo plazo
- Sembrar reformas estructurales (productividad, educación, transición energética) que trasciendan un cuatrienio.
- Blindar políticas de Estado frente a vaivenes electorales.
- Reputación ética
- Trayectoria libre de conflictos de interés; transparencia patrimonial y de financiamiento de campaña.
- Tolerancia cero a la corrupción en su círculo cercano.
- Capacidad de autocrítica
- Reconocer errores y rectificar rumbos sin victimismo.
- Valorar la reputación institucional por encima de la propia popularidad.
Conclusión
La presidencia de la República en 2026 no requerirá un “mesías” ni un “influencer”: necesita un arquitecto institucional capaz de tejer alianzas duraderas, gestionar con datos y liderar con ejemplaridad ética. Las variables de gestión descritas proveen la hoja de ruta para restaurar gobernabilidad y dinamizar la economía; los atributos personales, el cimiento moral para que esa ruta sea creíble.
En una nación compleja, con crecimiento modesto, polarización aguda y desafíos de seguridad latentes, el éxito presidencial dependerá de equilibrar autoridad y empatía, firmeza y diálogo, ambición transformadora y prudencia fiscal. Solo así será posible convertir la actual fatiga democrática en confianza renovada y resultados tangibles para los 52 millones de colombianos.
Referencias bibliográficas
(1) World Bank (2) DANE (3) El País (4) infobae.com (5) Wikipedia (6) El País (7) mindefensa.gov.coInSight Crime (8) El País (9) The City Paper Bogotá (10) World Bank (11) El País (12) Wikipedia (13) InSight Crime
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