En tiempos de agitación social y política, la resonancia de la literatura clásica resulta especialmente conmovedora. Textos antiguos como los de Sófocles o las reflexiones filosóficas de Cicerón destacan que las luchas de la humanidad no son fenómenos exclusivamente modernos; están entretejidas en la trama misma de la historia. Estas obras hablan de emociones perdurables (miedo, esperanza y resiliencia) con las que las sociedades han lidiado a lo largo de los siglos.
Por estos días, cuando Colombia enfrenta sus propios desafíos singulares, como lo es el carácter de marca del presidente Gustavo Petro y la forma en que gestiona un gobierno progresista que se ha quedado en las meras promesas electorales, y, que son marcados por la inestabilidad política, la disparidad económica y el peso de las cicatrices históricas, estas historias atemporales nos recuerdan nuestra capacidad para enfrentar los ‘fantasmas’ de nuestro pasado. Nos llaman a ver las luchas actuales como parte de una narrativa más amplia en la que cada individuo, desde los líderes hasta los ciudadanos comunes, desempeña un papel en la configuración del porvenir.
En la Colombia contemporánea, un lugar lleno de cultura rica, ambición persistente y complejidades profundamente arraigadas, los ecos de la historia se sienten especialmente relevantes.
De manera similar a cómo textos antiguos como las tragedias de Sófocles o las sátiras de Juvenal hablaban de la agitación y la tensión de sus propias épocas, estas obras también reflejan nuestras luchas actuales.
Si bien los detalles difieren, los temas de resiliencia, división y renovación perduran. Comprender estas historias puede ofrecernos una manera de sortear los obstáculos de la actualidad con una perspectiva más clara y una determinación más firme.
Fantasmas de decisiones pasadas y nuevas opciones
En la literatura clásica, a menudo vemos líderes atormentados por los ‘fantasmas’ de su pasado: decisiones que tomaron, fuerzas que desataron o problemas sociales que no pudieron controlar.
En Colombia, nos encontramos rodeados de ‘fantasmas’ similares en forma de problemas no resueltos: los efectos persistentes de conflictos que duran décadas, la confianza fracturada entre personas e instituciones y desafíos socioeconómicos que se niegan a desaparecer. Pero estos espectros no están allí solo para atormentarnos; sirven como poderosos recordatorios de dónde venimos y hacia dónde podemos dirigirnos.
Al respecto, tomemos como ejemplo a los jóvenes colombianos, cuyas voces en pro del cambio se hacen eco de los gritos de Antígona en la tragedia griega. Al igual que la resistencia de Antígona contra la autoridad injusta, muchos estudiantes y jóvenes empresarios colombianos defienden la equidad, la transparencia y las nuevas oportunidades.
Estas personas soportan el peso del pasado de Colombia, pero lo canalizan como energía para un futuro diferente.
El trayecto del emprendedor es la prueba de un héroe
Los empresarios y los propietarios de pequeñas empresas o comercios pueden encontrar sus caminos reflejados en héroes clásicos como Odiseo, cuyo viaje estuvo marcado por desafíos, decepciones y resiliencia.
En Colombia, crear un negocio en tiempos de incertidumbre económica a menudo se siente como atravesar los mares tormentosos de Odiseo. Existe la lucha contra la burocracia, el desafío de competir en un mundo que se digitaliza rápidamente y la persistencia necesaria para enfrentar la inflación y los crecientes costos operativos (sin mencionar, claro está, lo que se nos viene con una reforma laboral cuestionada).
Aunque, así como Odiseo logró sortear los obstáculos con una combinación de sabiduría y adaptabilidad, los empresarios y comerciantes colombianos muestran un espíritu similar. Son resilientes, innovadores y, lo más importante, firmes en su determinación de triunfar a pesar de las adversidades.
El trayecto del héroe clásico nos enseña que la persistencia no se trata solo de supervivencia; se trata de crecimiento y, en última instancia, de un regreso a casa a un lugar transformado por dicho trayecto.
El poder de contar historias en un panorama cambiante
La literatura clásica también nos recuerda el poder de la narrativa: aquellas historias que unen, dividen o inspiran a un pueblo.
En Colombia, los medios de comunicación, las redes sociales y el boca a boca influyen en las narrativas de una manera paralela a los oradores de la antigüedad.
Cada propietario de su pequeña empresa, cada estudiante universitario que ingresa a la fuerza laboral o cada comerciante tiene el potencial de dar forma a las percepciones, los valores y las aspiraciones a través de la forma en que se presentan y se conectan con los demás.
En el entorno interconectado de hoy, donde la transparencia y la confianza son esenciales para construir relaciones duraderas con los clientes, adoptar una narrativa auténtica es crucial.
Los minoristas y empresarios colombianos que representan genuinamente sus valores resuenan más profundamente con el público, al igual que los personajes de las historias clásicas ganaron respeto y apoyo a través de la honestidad y la integridad.
‘Seguir adelante’ es una de las lecciones de los clásicos
Los cuentos clásicos nos recuerdan que los desafíos de la historia pueden ser cíclicos, pero también nos dan poder para tomar nuevas decisiones. Los personajes que triunfan no son aquellos que evitan las dificultades, sino aquellos que las enfrentan de frente, se adaptan e inspiran a otros a hacer lo mismo.
En Colombia, una tierra con su propia cuota de desafíos históricos, la oportunidad de dar forma al futuro está en manos de quienes se atreven a actuar, innovar y seguir avanzando.
Para estudiantes, empresarios y trabajadores por igual, los clásicos como los de Grecia y Roma nos recuerdan que nuestros ‘fantasmas’ son simplemente los desafíos que elegimos enfrentar, remodelar y, en última instancia, crecer a partir de ellos.
Y mientras Colombia continúa trazando su rumbo, tal vez dichas historias puedan ofrecer una guía atemporal a través de las tormentas del presente en este fallido proyecto de gobierno progresista del presidente Gustavo Petro.
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