La acelerada expansión de la “privatización” de las instituciones durante el gobierno Petro, entendida como el desmontaje de controles públicos para favorecer intereses particulares, no solo revela un deterioro serio en la arquitectura del Estado: también es una lección poderosa sobre cómo se destruye una marca desde adentro.
Aunque este fenómeno no nació con esta administración, sí parece haberse profundizado hasta volverse difícil de contener. Y, visto desde la perspectiva del marketing, es el equivalente a una marca que renuncia a sus principios para responder únicamente a los intereses de un grupo reducido.

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