En un entorno donde la información no descansa y el cambio corre más rápido que cualquier velocista, las viejas señales de progreso tales como el ajetreo exhibido, las credenciales impecables o los guiones profesionales calcados han perdido su filo. A simple vista, parece que todo está al alcance de cualquiera: tutoriales infinitos, consejos que se contradicen, métricas que brillan por un día. No obstante, entre el ruido emerge un patrón: quienes avanzan no son quienes más acumulan datos, sino quienes aprenden con paciencia y método qué aprender y cómo convertir ese conocimiento en impacto tangible.
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