En los últimos días se ha generado una controversia alrededor de un artículo académico (Health insurance premium in Colombia for 2025: a strictly political-ideological decision without technical-scientific arguments?) publicado en una revista científica internacional que cuestiona el ajuste de la Unidad de Pago por Capitación (UPC) para 2025. Desde el Gobierno se aclaró que el texto pertenece a la categoría Comment (comentario académico), es decir, que no es una investigación empírica original sino una postura argumentada basada en literatura existente. A partir de esa precisión técnica, algunos han intentado restarle relevancia al contenido del artículo.
Para la ciudadanía, lo importante no es la etiqueta editorial, sino comprender qué significa realmente esa clasificación y qué está en juego.
¿Qué es un “Comment” en una revista científica?
En el ámbito académico, un Comment no es un simple artículo de opinión como los que aparecen en columnas periodísticas. Se trata de un análisis crítico sustentado en marcos teóricos, evidencia acumulada y discusión técnica. No presenta datos originales recolectados por los autores, pero sí interpreta información disponible y la confronta con decisiones de política pública.
Es cierto que este tipo de publicación no constituye el nivel más alto de evidencia científica como lo sería un estudio experimental o un análisis actuarial con datos primarios. Sin embargo, tampoco es un texto informal o carente de rigor. Es parte del debate científico y cumple una función esencial: advertir, cuestionar y contrastar decisiones públicas desde una perspectiva técnica.
El fondo del debate: la sostenibilidad del sistema
El artículo en cuestión cuestiona si el ajuste de la prima del aseguramiento en salud fue una decisión estrictamente política e ideológica, sin suficiente sustento técnico. Esa es una discusión legítima en cualquier democracia. El sistema de salud colombiano no es un asunto menor: administra recursos que impactan a más de 50 millones de personas y define el acceso a medicamentos, cirugías, tratamientos oncológicos y servicios de urgencias.
Cuando existen cierres de servicios, retrasos en pagos, intervenciones administrativas y tensiones financieras, es natural que académicos, economistas de la salud y expertos formulen interrogantes. Desestimar esos interrogantes únicamente por la categoría editorial del texto no resuelve los problemas estructurales que enfrenta el sistema.
El estándar debe ser el mismo para todos
Si el argumento es que solo los estudios empíricos originales deben considerarse evidencia robusta, ese criterio debe aplicarse de manera coherente. Las afirmaciones oficiales sobre los beneficios de las reformas, su impacto financiero o su sostenibilidad también deberían estar respaldadas por análisis técnicos publicados, evaluados por pares independientes y sometidos a escrutinio académico.
La política pública en salud no puede descansar únicamente en narrativas, buenas intenciones o confrontaciones ideológicas. Requiere transparencia metodológica, datos verificables y debate abierto.
Más allá de la etiqueta: la realidad de los pacientes
Para la mayoría de los colombianos, la discusión no es si el artículo es un Comment o un Research Article. Lo relevante es si el sistema garantiza acceso oportuno, continuidad en tratamientos y estabilidad financiera para los prestadores de servicios. La evidencia empírica más contundente, al final, se refleja en la experiencia diaria de los usuarios: filas más largas, medicamentos escasos o servicios cerrados son datos que no necesitan clasificación editorial.
Un debate que debe elevarse, no simplificarse
En una democracia madura, la crítica técnica no debería verse como ataque político. Tampoco la defensa gubernamental como propaganda. El verdadero reto es elevar el nivel del debate, aplicar el mismo estándar de rigor a todas las posturas y reconocer que la salud pública no admite simplificaciones.
La ciudadanía merece información clara, contrastada y explicada en su contexto. Y merece, sobre todo, que las decisiones que afectan su derecho a la salud estén sustentadas en evidencia sólida, discutida abiertamente y evaluada con transparencia.
Porque al final, más que una disputa sobre categorías académicas, lo que está en juego es la estabilidad del sistema de salud y la confianza de los colombianos en que las decisiones que los afectan se toman con responsabilidad técnica y no con cálculo político.
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