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Las decisiones de acción impactan su gestión

Ya lo decía Ruben Blades: “Decisiones (Ave María), cada día (Si señor), ¡alguien pierde, alguien gana, Ave María! Decisiones, todo cuesta. Salgan y hagan sus apuestas. ¡Ciudadanía!”

Así es, las emociones que los asuntos nos generan —nuestra respuesta actitudinal frente a ellas— dependen en buena medida de las propuestas adoptadas en el pasado, sin embargo, una vez causadas, tenemos la opción de percibir aquellos aspectos de manera diferente. Si fuera el caso, podemos rectificar nuestra manera de percibir y transformar o descartar las ideas según nuestra voluntad. Igual, aplica para las decisiones de acción o proceder. Estos dos tipos de decisiones interactúan estrechamente, ya que nuestras acciones afectan nuestras actitudes y viceversa.

Las determinaciones de acción son las que en lugar de manifestar qué es lo percibimos de algún aspecto, nos sugiren qué hacer al respecto. A diario y en todo momento, tenemos la oportunidad de decidir sobre nuestras acciones. No necesariamente se trata de tomar grandes decisiones, así como la del presidente Petro de “salir a enviar un mensaje que polariza más al país”. Pueden ser decisiones más modestas, ya que estas también son relevantes.

Para el efecto de ilustrar, las determinaciones de acción incluyen, diga usted, por ejemplo, qué ropa usar, con quién interactuar en las redes sociales, qué tuitear, bloguear o publicar; cómo reaccionar cuando alguien nos retroalimenta o comenta (favorable o desfavorablemente) nuestras publicaciones; qué y dónde comer; a qué hora levantarnos por la mañana; qué mensajes responder y qué decir en ellas; qué señal de ‘streaming’ sintonizar y escuchar; cuánto tiempo dedicar al estudio; si debo o no practicar un deporte como aspecto integral de mi formación personal o; a qué hora desconectarme del mundanal bullicio.

Así como disponemos de la potestad para decidir qué percibir en cualquier circunstancia, también disponemos de ella para determinar qué hacer, qué medidas adoptar o cómo jugar nuestras cartas ante cualquier situación y momento.

No obstante, la libertad de elección no implica negar responsabilidades con las que debemos cumplir. Las personas tenemos países por gobernar; profesiones por ejercer; familias por nutrir y cuidar; acuerdos climáticos por implementar; procesos de paz justos por concebir y echar a andar como corresponde; equipos de fútbol por conformar y partidos por jugar; reuniones sociales por asistir y; requerimientos cotidianos que en cierta medida, parecen dictar muchas de nuestras decisiones. Sin embargo, para bien o para mal, sigue siendo cierto que, lo decidido en cada una de las circunstancias de nuestra cotidianidad es potestad de cada quien.

Al respecto, y si examinamos el desempeño de aquellas personas que logran mayor control sobre sus vidas, diga usted, por ejemplo; Winston Churchill o Franklin Delano Roosevelt, y comparamos sus decisiones de acción con las de aquellos que no alcanzan el éxito ni se perciben satisfechos, tales como, sugiero yo; el presidente Petro, siempre se podrá evidenciar en cada ocasión y circunstancia que, los líderes del talante de Churchill y Delano Roosevelt, dominan las decisiones de acción en cada uno de los aspectos de su existencia tanto personal como profesional: “las personas que logran cumplir con sus metas, son aquellas que asumen una mayor responsabilidad personal por sus propias decisiones”.

Cualquiera de nosotros puede asumir dicha actitud, si así se lo propone. Asumir la responsabilidad por nuestras decisiones de acción debe ser un hábito, así como lo es decidir sobre nuestro proceder profesional. Es una habilidad que cualquiera puede aprenderse y desarrollar, ya que esta no viene pre-formateada de fábrica.

Andres Tellez Vallejo

Mercadólogo, autor y publicista con más de tres décadas de experiencia profesional, combino una sólida trayectoria en gerencia de producto y dirección de marketing tanto en la industria farmacéutica como en bienes de consumo. Mi carrera profesional inició con 13 años como asalariado, pero hace 19 años decidí emprender la senda del trabajo autónomo, consolidándome como gestor estratégico, autor y editor de publicaciones periódicas.

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