Es normal que todos experimentemos emociones desagradables y complejas cuando nos toca tomar algún tipo de decisión difícil. Sin embargo, no todo el asunto es pérdida, ya que puede uno aprovechar dichas emociones para ayudarse a adoptar mejores decisiones. Al respecto, existe una noción a la que los psicólogos llaman, “sujeción de contenido emocional”. Para utilizarla, puede usted, empezar por identificar aquella decisión puntual que debe tomar, independiente, del índole de la decisión. Puede ser de carácter personal o del entorno laboral: ¿Pretende contratar a alguien para el cargo de director de marketing? ¿Despedir al director de marketing? ¿Reorganizar su equipo de ventas? Relacione todas las opciones disponibles para dicha decisión; luego, identifique exactamente cómo se siente al respecto. ¿Cuál es la emoción predominante? ¿Es temor? ¿Ansiedad? ¿Remordimiento? O, acaso, ¿una sensación de estar abrumado o quizás, emocionado, por la oportunidad que se avecina? Relacionar cada uno de sus sentimientos, puede ayudar a crear una pequeña dimensión entre las emociones y las acciones. Después, visualice cómo se sentiría si hubiera tomado la decisión opuesta: ¿Percibe una sensación de logro o alivio, o todavía hay algo de ansiedad allí? Independiente, de sus respuestas, proyectar las emociones que sentirá a raíz de su decisión puede ayudarlo a desenredar la incomodidad que siente frente a ella y ayudarlo a avanzar hacia su porvenir con claridad y confianza.
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