Confianza y ser confiable

La polarización causa desconfianza, independiente, tal cual sugiere matador, de si es en favor de los “Uribistas, Santistas, Mascota-Pastranistas, Castro-Chavistas, Nairo-Quintanistas, Mariana-Pajonistas, su madre” o la mía. A menos que el polarizado sea una especie de Sir Winston Churchill, él o ella no será capaz de aparentar ser confiable, y muchos menos, generar confianza en los demás. La gente por lo general, tiene relativamente claro quienes están a su favor y quienes no. Si un instructor (“coach”, para el esnobista) tiene una actitud positiva como el deseo de colaborar, él o ella se será ubicado en la primera “lista” y — allí permanecerá como consecuencia de su buena instrucción—.

A menos que las personas creamos que los demás son fundamentalmente buenos y capaces de ser aún mucho mejor, tal cual, uno como instructor quiera ser parte del desarrollo, no habrá mucha esperanza para la instrucción evolutiva. Aquellos instructores que logran desarrollar a su gente, creen primordialmente que las personas pueden y quieren ser mejores.

Es decir que, la gente sobresaliente es buena instructora y, no mal guardián de la moral (o, “tuitero enardecido”). Su mensaje es “quiero colaborar”, en vez de “vengo a cobrarle”. Ellos retribuyen, colaboran y orientan, a cambio de polarizar, penalizar, acosar, y dictar cátedra moral.

La predisposición instructora de una persona, por lo general, está asociada con su nivel de confianza. Si desconfiamos, polarizamos, pero si confiamos, instruimos. La confianza está moldeada por la experiencia. Las personas deben confiar en sí mismas, así como en los demás.

Apostilla— Q.E.P.D. María Rita Logiudice, víctima de la polarización: “intentó llevar una vida normal…, pero no pudo salirse de sus estereotipos con sus amigos”.