Avanzar con propiedad por la vasta llanura de la incertidumbre

Todavía recuerdo de mi última presentación del plan de marketing para Viagra, el sildenafil de Pfizer, el video didáctico de una erección que emplee como preámbulo de mi exposición. De aquel entonces, tengo presente que allí, algo se me ocurrió; mi cerebro lo concibió y mis sentidos lo comprobaron una y otra vez hasta quedar conforme conmigo mismo. Mi primera intención fue compartirlo, pero luego me dije, ‘un momento, quieto ahí en primera, mejor aguardemos’. No fue mucho lo que logré esperar, y con ingenua certeza, terminé abriendo la boca a pesar de que mi ocurrencia podía perfilarme como todo un genio o como un grandísimo idiota. Cuando finalmente solté las palabras, la expresión de mis colegas se transformó; sus cejas se alzaron en inquisitiva interpretación, aunque, uno de ellos prefirió alzar su teléfono para revisarlo, otro miró la hora en su reloj, y otro más, asintió frenéticamente como quien se dirige a un infante en pleno berrinche por un peluche de juguete. Y así, entendí que todo estaba perdido.

De allí en adelante, comprendí que, cada vez que comparto algún tipo de noción, termina uno liberando un pedacito de sí mismo. Una pequeña parte, que salta desde la santidad de su intimidad a esa extensa llanura que es la incertidumbre, a la espera de ser acogida por algún amable semejante o, si por el contrario, termina siendo devorada por la penumbra de la desesperación en aquel instante de tiempo. Es en ese santiamén que, puede uno ser rescatado y convidado a abordar el vehículo de los ideales o ser abandonado a su suerte en esa extensa llanura de incertidumbre de donde jamás regresan las ideas.

Y a pesar de todo, qué importa si, todos alguna vez hemos tenido una que otra pésima idea, ¿o no?

Así como cualquier persona, todos hemos sugerido alguna boludez al menos una vez; incluso, tan tonta que, hasta nosotros mismos admitimos estar equivocados. Bueno, si es así, pues, supérelo ya, y basta de flagelarse.

El quid del asunto, es que al perderse una que otra vez en esa extensa llanura que es la incertidumbre, pierde uno las pretensiones por avanzar. Y cuando se pierden las pretensiones por avanzar, termina uno viendo su existencia desde la línea lateral, así como en un partido de fútbol o como si se hubiera entregado por completo y en lugar; de ser aquel efervescente adolescente que pretende sacar a todos con sus fintas y su gambeta.

Por esas mismas líneas, le sugieren a uno que en las reuniones guarde prudente silencio y, más adelante, termina uno abrumado por el cúmulo de incertidumbre como por las presiones internas: ‘No señor, a la canoa toca sarandearla, independiente de la turbulencia de las aguas o de quién la esté guiando’; si pretende, usted, claro está, avanzar en su trayectoria profesional o personal.

Así, entonces, es nuestra responsabilidad promover las nociones desde cualquier flanco e independiente de quien provengan. Igual, es nuestro deber participar cuando la sesión de ‘lluvia de ideas’ así lo requiera.

En ese orden de ideas, y si es uno de aquellos que prestan atención a los demás, es nuestra obligación fomentar los espacios para que todos puedan exponer sus ideas, independiente, de quien provengan, diga usted, por ejemplo; la persona más callada o el más nuevo o aquel personaje que en el equipo, todos evitan escuchar reiteradamente.

La iniciativa, así como la creatividad, tiene todo que ver con la confianza, la convicción y la autoestima.

En cualquier industria o actividad profesional o personal que, tenga que ver con el talento y las nociones novedosas, es nuestra obligación como profesionales sobresalientes, alentar a aquellos lo suficientemente valientes para aventurarse por la extensa llanura de incertidumbre y retar el statu quo, para así gestionar su profesión por fuera del recuadro.

Así, pues, y si tiene usted, la fortuna de percibir esa chispa en los ojos de algún colega o subalterno, foméntela en favor de la productividad de su empresa o negocio.

Preste atención a aquel sonido particular que todos reconocemos, ese suspiro que las personas damos cuando estamos listos para interactuar con alguna audiencia. Escúchelo y concédale el tiempo que se merece. Haga a un lado su arrogancia y cinismo profesional. Pausa su mente. Escuche una y otra vez. Motive y gane con halagos la voluntad del expositor para así favorecer sus pretensiones profesionales.

Como motivador, predisponga siempre los espacios para incorporar las nociones novedosas, discrepantes o distintas. Sea usted esa persona en el comité que favorece la confianza y no el menoscabo del expositor. Tenga presente que, nunca se sabe qué puede uno encontrar o qué gran talento puede estar ayudando a desarrollar.

La incertidumbre es una llanura extensa, así que asegúrese de avanzar con propiedad como individuo o en junto con los demás miembros del equipo; así como yo, aquel día de mi presentación magistral del plan de marketing para Viagra, en la que dejé a mis colegas atonitos y atolondrados con un video didáctico de una erección como preámbulo de mi intervención para un producto indicado para la disfunción eréctil y, en la que al concluir, solo, Guillermo Azuero, Country Manager, timidamente, manifestó su aprobación de mi intervención.