Haga de cuenta por un instante que, usted está en la cima de una montaña, listo para dar un salto de fe. La euforia del momento, combinada con la imponente altura, llena su corazón de emoción y temor. Ahora, considere esta metáfora como si se tratara de su vida cotidiana, independiente, de si es usted un estudiante universitario que se enfrenta a un examen importante, un empresario que presenta sus ideas a inversores, un propietario de una pequeña empresa o comercio que negocia un acuerdo crucial. En todos estos escenarios, hay mucho en juego y las recompensas pueden cambiarle el panorama existencial. Sin embargo, muchos de nosotros hemos experimentado el mismo fenómeno inquietante, el temido engollipado.
Engolliparse bajo presión es algo bastante común; de hecho, es casi normal en situaciones de mucho estrés. Aunque, ¿por qué sucede, y, lo que es más relevante, ¿cómo podemos superarlo para rendir al máximo?
Para entender porqué nos atragantamos, debemos ahondar en la mecánica de cómo funciona nuestra mente bajo estrés.
Cuando nos enfrentamos a una situación de mucho riesgo, nuestro cuerpo responde liberando hormonas del estrés como la adrenalina y el cortisol. Estas sustancias químicas nos preparan para la clásica respuesta de ‘lucha’ o ‘huida’.
Si bien esto puede haber ayudado a nuestros antepasados a escapar de los depredadores, no es tan útil cuando se está parado frente a una sala llena de posibles inversores.
Esta oleada de hormonas del estrés puede abrumar nuestra corteza prefrontal, la parte del cerebro responsable del pensamiento racional y la toma de decisiones. Como resultado, nuestras mentes pueden quedarse en blanco, nuestras palabras pueden tropezar y nuestros planes, una vez bien ensayados, pueden desmoronarse.
Un factor crítico que contribuye al ahogo es la autoconciencia.
En momentos de alta presión, a menudo nos volvemos muy conscientes de cómo nos perciben los demás. Esta autoconciencia puede crear un círculo vicioso de ansiedad: nos preocupamos por cometer errores, y esta misma preocupación aumenta la probabilidad de cometerlos.
Al respecto, diga usted, por ejemplo; un estudiante universitario que sabe que todo su futuro depende de su desempeño en un solo examen puede llegar a preocuparse tanto por las consecuencias del fracaso que olvide incluso las fórmulas más sencillas.
De manera similar, un emprendedor que presenta una idea innovadora puede concentrarse demasiado en no decepcionar a los inversores, lo que irónicamente puede llevarlo a no cumplir con las expectativas.
En el centro de dicho sofoco se encuentra a menudo el temor al fracaso. Las situaciones de alta recompensa vienen con la promesa de éxito, pero también la amenaza inminente del fracaso.
Esta dualidad puede paralizarnos. Nos debatimos entre la emoción de ganar y el miedo de perder, lo que puede crear disonancia mental. Nuestros cerebros, programados para evitar el dolor y la incomodidad, pueden elegir el camino de menor resistencia, cerrarse.
El temor al fracaso no solo surge de las consecuencias personales. También tiene que ver con el juicio social. Nos preocupamos por lo que pensarán nuestros pares, cómo reaccionarán nuestras familias o lo que dirán nuestros colegas.
Esta presión externa agrega capas a nuestra agitación interna, lo que dificulta aún más el desempeño.
La buena nueva es que entender por qué nos atragantamos es el primer paso para superarlo. Para el efecto, comparto aquí algunas estrategias que pueden resultar útiles:
Las situaciones de alto riesgo y alta recompensa son parte de la vida, particularmente, para aquellos que aspiran a alcanzar la grandeza.
Los estudiantes universitarios, empresarios, propietarios de pequeñas empresas o comercios y los profesionales o comerciantes todoterreno, todos, enfrentamos dichas circunstancias.
El temor a ahogarse bajo presión puede ser paralizante, pero también es un testimonio de la importancia que le damos a lo que hacemos. Si no nos importara, no nos sentiríamos así.
Recuerde que el sofoco no define sus habilidades ni su potencial. Es, simplemente, un contratiempo temporal en el trayecto hacia el logro.
Si comprende las raíces de este fenómeno y aplica estrategias prácticas, podrá transformar la presión, de ser un obstáculo a un trampolín que lo impulsa.
En lugar de temer el próximo momento de alto riesgo, adóptelo con agrado. No es solo una prueba de sus habilidades, es una oportunidad para crecer, aprender y brillar con luz propia.
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