Basado en la encuesta de Fenaltiendas publicada por El Tiempo, el panorama de las tiendas de barrio en Colombia refleja mucho más que una caída temporal en las ventas: muestra el desgaste silencioso de la economía popular. Casi la mitad de los tenderos asegura haber visto reducida su rentabilidad en los primeros meses de 2026, mientras miles sobreviven entre el aumento de costos, la caída del consumo y el temor constante al endeudamiento.
La tienda del barrio siempre ha sido el termómetro más honesto del país real. Allí se siente primero la inflación, el desempleo, el miedo a gastar y el deterioro del bolsillo de las familias. Por eso, cuando el tendero deja de vender, cuando el fiado aumenta y cuando incluso mantener abierto el negocio se convierte en una lucha diaria, lo que está entrando en crisis no es solo el pequeño comercio, sino la estabilidad cotidiana de millones de colombianos.
Mientras el debate político sigue atrapado entre discursos, confrontaciones y campañas electorales, la economía popular enfrenta una realidad mucho más urgente: sobrevivir. Y esa realidad, lejos de los balcones y las consignas, es la que hoy sostienen, cada vez con más dificultad, los tenderos del país.
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