en lo personal

Encuentre el poder de la realización en el modelo de la autenticidad personal

La primera vez que presenté mi concepto de producto frente al panel de diseño de mi universidad, me encontré con sonrisas educadas y expresiones que me dolieron más de lo que me calmaron: ‘Es un buen esfuerzo, pero no se ajusta a los estándares de la industria’. En ese momento, de pie en el salón iluminado con fluorescentes blancas y con mis bocetos en las manos, me di cuenta de algo: la industria a la que estaba tan ansiosa por unirme no tenía espacio para mí a menos que yo creara uno para mí. El trayecto que tenía por delante no sería una subida constante por una escalera perfectamente construida, sino un laberinto, un campo de batalla, una montaña rusa (como la que aparece en la imagen de consumosentido.co), un viaje a través del rechazo y la resiliencia.

Soy diseñador industrial. Mi sueño es crear, dar forma al mundo a través de la innovación reflexiva y desafiar lo existente con algo mejor. Aunque, esta industria (así como todas las demás) es un lugar donde a los jóvenes diseñadores se les dice que se adapten antes de que se les diga que creen. Que se ajusten al molde. Que sigan las fórmulas. Que no alteren, que solo refinen. El rechazo al que me enfrenté no tenía que ver solo con mis diseños. Tenía que ver con mi perspectiva, mi identidad, mi voz. El mensaje era claro: tenía que ser otra persona para alcanzar el éxito.

Durante un tiempo, lo intenté. Modifiqué mi portafolio para que se alineara con la estética de las grandes firmas, perfeccioné mis propuestas para reflejar las voces de los diseñadores establecidos y adapté mi visión para que fuera más aceptable. Pero cuanto más encajaba, más me desvanecía en un segundo plano. El trabajo que alguna vez amé se volvió mecánico, mi pasión se embotó por el compromiso. La verdad era que no estaba fracasando porque no tuviera talento, estaba fracasando porque no era yo mismo.

El punto de inflexión llegó en un momento de pura frustración. Otro rechazo. Otra ronda de comentarios que me decían que necesitaba ‘ajustar’ mi visión para cumplir con las expectativas. Me senté en mi pequeño estudio, rodeado de modelos y bocetos, y me di cuenta de algo: estaba creando soluciones para problemas que nadie más podía ver porque no compartían mi perspectiva. Los diseños que rechazaban por ser ‘demasiado diferentes’ eran los mismos que me hacían único. Y entonces me di cuenta de que el cambio no viene de quienes encajan, sino de quienes se destacan.

Dejé de buscar la aprobación y comencé a diseñar con convicción. Construí productos que reflejaban a las personas que el diseño industrial convencional ignoraba: diseños orientados a la accesibilidad, herramientas ergonómicas para espacios no convencionales y soluciones sustentables que priorizaban tanto la función como el impacto ambiental. Dejé de esperar una invitación a la mesa y construí mi propio producto.

Y poco a poco, todo cambió.

Las oportunidades llegaron no porque encajara en la industria, sino porque la desafié. Los inversores se dieron cuenta. Mi trabajo comenzó a ganar terreno. No porque fuera ‘seguro’, sino porque era necesario. Aprendí que, en una industria definida por la competencia, la autenticidad es la moneda más extravagante. Es lo único que nadie más puede replicar.

A los estudiantes universitarios, emprendedores, propietarios de pequeñas empresas, comerciantes todo terreno y visionarios que leen esto, han de saber que, el entorno profesional (cualquiera que sea el suyo) no necesita otra persona que se integre al resto. Necesita personas lo suficientemente valientes como para mostrar todo su potencial, desafiar sistemas obsoletos y crear algo que solo ellos pueden ofrecer. El trayecto será duro y tenaz. Se enfrentarán al rechazo. Se les dirá, una y otra vez, que quiénes son ustedes es un obstáculo.

Pero algún día, comprobarán lo que yo percibo ahora: su identidad no es una debilidad. Es su superpoder.

Así que dejen de resistirse a su verdadero ser y aprovéchenlo con vehemencia. El mundo necesita su visión. El mundo necesita su voz. Y más que nada, el mundo los necesita a ustedes, a ustedes, de manera auténtica y sin pedir disculpas.

Andres Tellez Vallejo

Mercadólogo, autor y publicista con más de tres décadas de experiencia profesional, combino una sólida trayectoria en gerencia de producto y dirección de marketing tanto en la industria farmacéutica como en bienes de consumo. Mi carrera profesional inició con 13 años como asalariado, pero hace 19 años decidí emprender la senda del trabajo autónomo, consolidándome como gestor estratégico, autor y editor de publicaciones periódicas.

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