“No emplee las excusas ni se deje engañar por ellas”.
Una excusa es una afirmación que oculta un motivo o esquiva manifestar con plenitud una razón. Muchas excusas son inofensivas y no interfieren en forma notable con la comunicación. Es decir, si usted no tiene nada inteligente que aportar y le dice a la opinión: “Adulteré la caricatura porque en su lidia opositora se le acabó la sensatez a mi argumento”, está usted empleando técnicamente una excusa (aunque esté usted diciendo la verdad), porque la razón completa es que usted fue descuidado e irresponsable al no haberse fijado en el medidor de consecuencias, la víspera. No obstante, si no acostumbra usted la frecuente torpeza, se aceptará su excusa y todo marchará bien.
Hay personas que nunca o casi nunca se quedan de pronto sin sensatez. Pero también hay otras personas que por siempre se les acaba la sensatez, o que hacen otras cosas para estar de continúo alterando «el concepto de un mensaje constructivo en una “falacia”». Para semejante persona no será suficiente decir: “Adulteré la caricatura porque se le acabó la sensatez a mi argumento”. Este individuo tendrá que enfrentarse con su verdadero motivo (descuido, irresponsabilidad, desprecio por la autoridad, el presidente Santos, o el proceso de paz) y solucionar el problema básico inherente al motivo; de otra manera ¡se quedará sin empleo!
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