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Adopte el hábito de la autorreflexión

La reflexión en su cotidianidad (sin prejuicios ni remordimientos) como para así contemplar su comportamiento y sus consecuencias, aporta al desarrollo de su inteligencia emocional; les leí a James R. Bailey y Scheherazade Rehman en el artículo de HBR, No subestime el poder de la autorreflexión. Sugieren los autores que, si pretende desarrollar el hábito regular de reflexionar, registre un diario. Cada vez que se sorprenda o frustre, haga una pausa y observe el sentimiento. Luego, tan pronto como pueda, quizás, durante quince minutos al concluir la jornada laboral, registre lo que aconteció. Procure determinar el motivo (porqué) detrás de la emoción. ¿Qué pasó con el suceso que desencadenó dicho sentimiento? Acaso, ¿algo no resultó como esperaba usted? ¿Cometió algún error? Posteriormente, aparte en su agenda una hora cada semana para revisar sus apuntes y reflexionar sincera y rigurosamente sobre dónde ha estado mental y emocionalmente. En últimas, no solo se limite a releer los registros de su diario; enriquézcalos con información complementaria. En retrospectiva, ¿existen aspectos sobre la situación que ahora puede percibir distinto? Exíjase a sí mismo: ¿Qué resultó mal? ¿Sus observaciones iniciales fueron acertadas o la situación reflejaba algún otro aspecto que usted no logró percibir, algo que omitió por la premura del momento? Procure percibirse a sí mismo, como si fuera un observador neutral. Y por lo demás, se amable consigo mismo. La reflexión puede lesionar el ego. Tenga presente que, la excelencia se logra de tropiezo en tropiezo, reincorporándose, desempolvándose y luego seguir tropezando una y otra vez. Sin embargo, si examina dichos tropiezos, es bastante probable que usted no vuelva a tropezar de la misma manera.

Andres Tellez Vallejo

Mercadólogo, autor y publicista con más de tres décadas de experiencia profesional, combino una sólida trayectoria en gerencia de producto y dirección de marketing tanto en la industria farmacéutica como en bienes de consumo. Mi carrera profesional inició con 13 años como asalariado, pero hace 19 años decidí emprender la senda del trabajo autónomo, consolidándome como gestor estratégico, autor y editor de publicaciones periódicas.

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