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¿Universitario, futbolista o YouTuber?

“Nadie le puede construir el puente sobre el cual usted, y solo usted, debe cruzar el río de la existencia”, escribió Nietzsche por allá en 1873 como reflexión respecto al verdadero valor de la educación. La labor de la educación, afirmaría John Dewey una generación más tarde en su eterno tratado sobre cómo es que pensamos, no es “enseñar todo cuanto pueda enseñarse sino cultivar el arraigado y efectivo hábito de discriminar las creencias comprobadas de aquellas que solo son afirmaciones, suposiciones, y opiniones”. Pero para cosechar la recompensa de aquello que llamamos educación, debemos elegir activamente la adquisición de dicho hábito mental, tal cual sugiriera en 1977 Adrienne Rich en su espectacular discurso de graduación, “la educación es algo que se reclama y no algo que obtenemos”. Y no hace mucho, el ejercicio de la pasión de Francisco Cajiao, “esta pasión por ir más lejos, por avanzar más, debería ser el objeto principal de la educación, y descubrir en cada niño eso que suscite el deseo y la dedicación es la más valiosa labor de un maestro”.

Pero quizás Daniel, el más elegante y conmovedor argumento de todos, en cuanto a lo que habremos de obtener si nos esforzarnos por reclamar una educación, se lo leí al legendario campeón de la publicidad e icono de la era “Mad Men”, David Ogilvy, en una recopilación conmemorativa de escritos tanto públicos como privados, que su familia y colegas realizara como regalo parar su 75avo cumpleaños: The Unpublished David Ogilvy.

La historia va más o menos así. Cuando Henry, el sobrino de Ogilvy de 18 años se graduó de bachiller, su trayecto de vida se debatía entre la educación superior o incursionar inmediatamente en la “carrera de ratas” que es la auto actualización vocacional (o “senda laboral”, si se quiere también). Afligido el muchacho por el dilema existencial, acudió a su tío en busca de consejo. Se me da la respuesta de Ogilvy, como una obra maestra de la retórica y perdurable legado de lo que es la máxima retribución de la educación, para aquellos que la persiguen con espíritu sincero y receptivo.

Decía Ogilvy en su misiva:

Estimado Harry,

Me preguntas si debes pasar los próximos tres años en la universidad, o conseguir un empleo. Te daré tres diferentes respuestas. Elige tú.

Respuesta A— Tu eres ambicioso. Le apuestas a llegar lejos, en los negocios o en el sector público. Las grandes corporaciones actuales no pueden ser administradas por aficionados sin ninguna educación. En estos tiempos de tecnología de vanguardia, se requieren mentes agudas que dispongan de doctorados en química, física, ingeniería, geología, etc.

Inclusive los mandos medios están en desventaja a menos que dispongan de un título universitario y un MBA. En los Estados Unidos, 18 por ciento de la población dispone de un título, en la Gran Bretaña, solo el 7 por ciento. El ocho por ciento de los estadounidenses tienen título universitario, comparado con el uno por ciento de los británicos. Que es el principal motivo por el cual las habilidades administrativas de los estadounidenses supera la de los británicos.

Así mismo en el sector público. Cuando tenía tu edad, teníamos el mejor servicio civil del mundo. Hoy día, los franceses son mejores servidores públicos que nosotros porque se les educa para el cargo en la “Ecole Nationale d’Administration”, mientras que los nuestros van directamente de “Balliol” a “Whitehall”. Los profesionales franceses superan a los aficionados británicos.

De todos modos, aún estas muy joven como para decidir qué hacer por el resto de tu vida. Si has de pasar unos cuantos años en la Universidad, aprenderás a conocerte mejor, previo a que se llegue el momento de elegir una carrera.

Respuesta B— deja ya de malgastar tu tiempo en la academia. Para ya el tedioso sometimiento a los libros de cátedra y a los salones de clase. Deja ya de embutir textos para el examen antes de que adquieras un irremediable desprecio por la lectura.

Huye de la estéril influencia de los dones, quienes no son más que mamados pasantes.

Carecer de un diploma universitario será solo una leve desventaja en tu carrera. En la Gran Bretaña, puedes llegar a la cima aún sin un diploma universitario. Lo que la industria y el sector gobierno requieren en la cima son líderes en vez de tecnócratas. Los rasgos característicos que hacen de la gente académicos en su juventud, no son los mismos que les hacen líderes más adelante en su vida.

Ya has aguantado 12 largos y aburridos años de educación. Suficiente es suficiente.

Respuesta C— no juzgues el valor de la educación superior en términos de carrera profesional. Júzgala por lo que es —una invaluable oportunidad para acondicionar tu mente y enriquecer tu calidad de vida—. Mi padre fue un fracaso en los negocios, pero leyó a Horacio en el baño hasta el día de su muerte, pobre pero feliz.

Si disfrutas siendo académico, y te gusta estar en compañía de académicos, ve a la universidad. ¿Quién sabe, quizás termines como un Regio Profesor? Y ten presente que, aún las universidades británicas son las mejores del mundo —a nivel de pregrado—. Afortunado tú. Ganar un Premio Nobel es mucho más satisfactorio que ser nombrado presidente de una gran corporación o hacerse un Subsecretario Permanente en Whitehall.

Tienes una mente brillante. Exígela. Si tienes la oportunidad de ir a la universidad, no la dejes pasar. Si lo haces, jamás te lo perdonaras.

Toneladas de cariño,

David

Andres Tellez Vallejo

Mercadólogo, autor y publicista con más de tres décadas de experiencia profesional, combino una sólida trayectoria en gerencia de producto y dirección de marketing tanto en la industria farmacéutica como en bienes de consumo. Mi carrera profesional inició con 13 años como asalariado, pero hace 19 años decidí emprender la senda del trabajo autónomo, consolidándome como gestor estratégico, autor y editor de publicaciones periódicas.

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