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Que la lluvia de ideas no agüe su proceso de innovación

Es sabido por la ciencia hace rato que el individuo casi siempre se desempeña mejor por sí solo que en grupo (tanto en calidad como en cantidad), así mismo puntualiza la sabiduría que el desempeño del grupo decrece en la medida que se incrementa el número de participantes. De allí es que se desprenden las razones por las cuales fracasan las sesiones de ‘lluvia de ideas’, como cualquier otra forma de trabajo en grupo. En esencia, las personas que conforman dichos grupos tienden a relajarse, dejando que los demás hagan el trabajo, aunque igual replicando instintivamente las opiniones y sugerencias de los demás integrantes del grupo, perdiendo así de vista su propio parecer y mientras sucumben bajo la presión de sus colegas.

En ese orden de ideas, es sencillo comprender porqué en dichas sesiones de ‘lluvia de ideas’ es más fácil aniquilar que imaginar una idea. Así mismo, puede uno interpretar la razón por la cual en grupo es más factible criticar que crear o desarrollar.

Sin embargo, no significa esto que en dichos grupos o sesiones de trabajo no sea posible poner de acuerdo o conjugar tanto a integrantes como a sus perspectivas para así robustecer la innovación (incluso, a través de la ‘lluvia de ideas’).

Al respecto, se me antoja que el proceso podría ser mucho más productivo si evitamos convertir nuestros equipos creativos en superfluos comités de marketing o de ‘lluvia de ideas’, o si a los creativos les concedemos ejercer su imaginación con absoluta libertad; considerando que algunos de ellos prefieren reflexionar tranquilamente mientras otros prosperan en caóticas sesiones de grupo.

Independiente del caso, el quid del asunto es que la empresa o negocio entienda que todos expresan su creatividad en forma diferente. Así entonces, podrán determinar cuál es el ambiente más propicio para potencializar el ingenio de su personal y promover la naturaleza creativa del proceso al tiempo que desincentiva la critica destructiva.

Cualquiera que sea su proceso de innovación, procure gestar ideas que alteren y obliguen al consumidor a reaccionar; diga usted por ejemplo: ajuste radical de los precios; transformación de infraestructuras, de normas o de flujo de información; centrarse en lo particular, evitando las agrupaciones; obsequie aquello que se percibe como costoso; asuma el liderazgo del trayecto ético.

Sea cual fuere su caso, recuerde que por estos días de incertidumbre y adversidad, innovar es tanto factible como oportuno y, por lo demás, es también un imperativo.

Andres Tellez Vallejo

Mercadólogo, autor y publicista con más de tres décadas de experiencia profesional, combino una sólida trayectoria en gerencia de producto y dirección de marketing tanto en la industria farmacéutica como en bienes de consumo. Mi carrera profesional inició con 13 años como asalariado, pero hace 19 años decidí emprender la senda del trabajo autónomo, consolidándome como gestor estratégico, autor y editor de publicaciones periódicas.

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