Está bueno ya de tanta narrativa negativa. De acuerdo, que anda rabón por la firma de los acuerdos de la Habana, tal cual andan por ahí vociferando desquiciados, el expresidente de poncho y sobrero, como el exprocurador de biblia y crucifijo. ¿Pero qué hay de hoy, del ahora, en el desayuno y, usted de frente su familia?
Narrar nuestra realidad, aquellos pequeños lances que no logramos dejar de acarrear de aquí para allá como de allá para acá, constituye un mecanismo de supervivencia. No obstante, igual, “predispone” nuestras emociones, cambia nuestra actitud, y limita nuestras posibilidades.
¿Qué estarán percibiendo ahora mismo el expresidente, el exprocurador, y demás “negativos? ¿Cuáles oportunidades para conectar, para crecer, para generar un impacto real, estarán dejando de lado como consecuencia de su narrativa negativa?
De hecho, y como se me dan las cosas, la narrativa es útil siempre y cuando sea funcional para la resolución de conflictos, tal cual para el avance personal o del país. Sin embargo, cuando el “cuento se pasa de maraca” y se da a la mala maña de reforzar los malos hábitos o desvirtuar los logros de los demás, podemos ahí y justo ahí, “dejar así” y sencillamente en las urnas, ratificar el acuerdo con un rotundo, “Sí”.
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