Si la física manifiesta que ‘la fuerza es igual a la masa multiplicada por la aceleración’, no debería ser relevante quién calcule la fuerza o, si se es hincha del América de Cali o del Manchester United (ambos por estos días, tristes diablos), ya que dichos factores no son parte de la ecuación y por lo tanto no han de variar el resultado.
Gran parte de lo que se asume en nuestra sociedad como ‘declaraciones absolutas de verdad’, no son más que declaraciones de opinión pasajeras.
Razón por la cual dichas manifestaciones dependen de quién esté actuando en ese preciso instante. O como quien dice, ‘si lo hace usted, está mal’, pero ‘si lo hago yo, ahí sí está bien’. En últimas, significa que las ‘meras opiniones’ no constituyen ‘principios básicos’.
En consecuencia, las personas, las organizaciones, o los sistemas terminan siendo mucho más confiables, eficientes y profesionales cuando se gestionan de acuerdo con principios de realidad perpetua.
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