Las presentaciones magistrales son todo un arte. Y aunque su contenido es importante, este no será memorable si su entrega fracasa. Para una presentación impecable con la que pueda usted sacarla del estadio, existen tres principios fundamentales para involucrar a la audiencia y garantizar de que esta experimente un acontecimiento para recordar. 1) Equilibrio— Entre una estructura de presentación preconcebida y la improvisación. Prepárese de antemano pensando en lo que su audiencia necesita saber y organice su contenido en secciones según la temática. Sin embargo, conceda un margen apropiado para responder los requerimientos de la audiencia en la medida que se vayan presentando a lo largo de la presentación, incluso si eso significa salirse del libreto por algún tiempo. 2) Generosidad— El objetivo debe ser ofrecer a su audiencia algo novedoso y de valor. Permita que este principio guíe el contenido que decida presentar. Los expositores relevantes dejan con su exposición una noción, información relevante, o algo de inspiración que la audiencia no disponía previa a la presentación. 3) Esencia— Prepárese y practique su presentación como para familiarizarse y dominar el contenido, aunque, bajo ninguna circunstancia pretenda usted memorizarla. Ser excesivamente pulido puede ser contraproducente: la audiencia anhela conectarse e interactuar con alguien de carne y hueso. Ahora, y si por alguna casualidad pierde usted el hilo de la presentación y se queda en blanco por un momento; pierda cuidado, no se disculpe y conserve la calma. Sencillamente, aproveche dicha pausa, tome aliento, recomponga sus ideas y prosiga, mijo, que ‘que no viene carro’.
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