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De estilo sencillo y buen juicio

Define el diccionario de la Real Academia Española los vocablos habilidad, conocimiento y talento, como: la “capacidad y disposición para algo”; “acción y efecto de conocer; “persona inteligente o apta para determinada ocupación”.

En ese orden de ideas, la propiedad de las habilidades y el conocimiento radica en que estas son transferibles de una a otra persona. No obstante, su limitación tiene que ver con que su alcance frecuentemente es puntual a situaciones específicas, lo que implica, entre otros, que habrán de perder poderío al enfrentar la persona escenarios imprevistos.

En contraposición, la propiedad del talento radica en que este es transferible de situación a situación. Dado el estímulo indicado, este se dispara espontáneamente. Sin embargo, y así como las habilidades y el conocimiento, el talento también tiene sus limitaciones, ya que es sumamente difícil transferirlo de persona a persona, no se puede enseñar, ni mucho menos puede elegirse tenerlo.

Y ahora que es algo más evidente la diferencia entre habilidades, conocimiento, y talento, podrá usted emplear dichos términos para ilustrar otros tantos vocablos que se emplean para describir el comportamiento humano —palabras como “aptitudes”, “hábitos”, “actitud”, y “motivación”—. Términos cuyo significado, muchos de nosotros aún hoy día, asumimos como equivalentes. De los psicólogos en selección de personal, de los reclutadores deportivos, de los técnicos de fútbol y, hasta de los padres de familia, escuchamos con frecuencia y sin reparar en su significado, expresiones tales como “habilidades interpersonales”, “conjunto de habilidades”, “hábitos laborales o, de estudio o, de entrene” o “aptitudes esenciales”.

Del quehacer cotidiano, como de tanto andar, interpreta uno que semejante despropósito interpretativo va más allá de ser una pifia de lenguaje. Es una pifia de buen juicio. Es el motivo por el cual extravían el rumbo los gerentes, los psicólogos, los reclutadores deportivos, los técnicos de fútbol, los padres de familia, y demás. Independiente de las buenas intenciones que se tenga, es una pérdida de preciado tiempo, esfuerzo, y dinero, pretender enseñar características y atributos que son fundamentalmente imposibles de educar.

Andres Tellez Vallejo

Mercadólogo, autor y publicista con más de tres décadas de experiencia profesional, combino una sólida trayectoria en gerencia de producto y dirección de marketing tanto en la industria farmacéutica como en bienes de consumo. Mi carrera profesional inició con 13 años como asalariado, pero hace 19 años decidí emprender la senda del trabajo autónomo, consolidándome como gestor estratégico, autor y editor de publicaciones periódicas.

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