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Valores que no rivalizan

En hora buena, ahí estás, sano y a salvo; aquella tarde de julio a las cuatro, dos minutos, y después de largos nueve meses de ansiosa espera que fueron justamente recompensado con cada uno de los 3,230 gramos como los justos 51 centímetros de tu recién desembarcada existencia. Ya al rato, y cuando se dio nuestro primer encuentro, me viste con mirada inquisitiva y como reflexionando, ‘y este quién carajos es’, entendí que estarías ligado a mi realidad hasta la eternidad.

Hoy, 18 años después, siguen intactas todas aquellas extraordinarias memorias de cuando tocó improvisar lo que a uno no le enseñan en las pañaleras, así como el arte de preparar las más suculentas papillas, y los baños para el relax. Luego vinieron las sesiones de lectura, los indios y los vaqueros, los balones, los carritos y las pistas Matchbox; el primer día de escuela, los proyectos y las tareas, el día en que te encariñaste con la bocha (porque tienes talento para eso) y; así por el estilo, tanta maravilla vivida como las que aún están por venir. Y, yo, tu papá, firmes, todo este tiempo y en perpetuidad, acompañando este espléndido viajado que es tu existencia.

Así entonces, propongo con este sencillo mensaje del filósofo chino, La Tzu, mi agasajo y un sentido homenaje para ti, hijo.

El valor más alto es como el agua.

El valor en el agua beneficia a todas las cosas y, sin embargo, no compite.

Se queda en lugares que otros desdeñan, y por lo tanto está cerca del Tao.

El valor en la morada es la ubicación.

El valor en la mente es la profundidad.

El valor en las relaciones es la benevolencia.

El valor en las palabras es la sinceridad.

El valor en el liderazgo es el orden.

El valor en el trabajo es la destreza.

El valor en esfuerzo es la eficacia.

Ya que, efectivamente, no contienden, no hay ningún resentimiento.

El agua es una imagen recurrente en el Tao Te Ching. Se utiliza para describir el comportamiento de los individuos evolucionados, es decir, aquellos que espontáneamente avanzan a situaciones sin invitar a la resistencia o el resentimiento. Al igual que el agua, los individuos evolucionados no compiten para alcanzar lugares altos, sino que se limitan a los más bajos. Este ideal taoísta va en contra de la opinión común de que uno debe competir y luchar para alcanzar el éxito.

Los valores mencionados en este pasaje son valores que se pueden alcanzar solo con una perspectiva totalmente extendida: para lograr la ubicación, uno debe conocer el todo; para alcanzar la profundidad hay que percibir su posibilidad; para lograr la benevolencia hay que comprender la naturaleza humana; para alcanzar la sinceridad hay que conocer la verdad interior; para lograr el orden hay que conocer toda la estructura; para lograr la eficacia uno debe conocer los resultados de una tarea perfectamente realizada; para lograr la puntualidad hay que tener en cuenta tanto el pasado como el porvenir. Con tal amplitud de conciencia, la contención es innecesaria, ya que los instintos y la intuición que se desarrollan como resultado llevan indefectiblemente a la realización.

Y por lo demás, quedo eternamente agradecido, Señor, por la gracia concedida.

Andres Tellez Vallejo

Mercadólogo, autor y publicista con más de tres décadas de experiencia profesional, combino una sólida trayectoria en gerencia de producto y dirección de marketing tanto en la industria farmacéutica como en bienes de consumo. Mi carrera profesional inició con 13 años como asalariado, pero hace 19 años decidí emprender la senda del trabajo autónomo, consolidándome como gestor estratégico, autor y editor de publicaciones periódicas.

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