No hay motivo para inquietarse si es usted todo un idealista, pues, como tal, hay mucho que decir sobre nuestra responsabilidad como creadores y consumidores de esa permanente interacción dinámica que llamamos cultura: ¿de qué lado de la línea divisoria entre proveedor y creador habrá usted de ubicarse?
El entorno comercial nos está condicionando a creer que el camino hacia el éxito está pavimentado para satisfacer las demandas existentes: dice la narrativa popular, ‘provoque con sus ‘selfies’ que, eso es lo que la gente quiere’. No obstante, cuenta la historia que, los idealistas de tiempo atrás sugieren que el papel del publicista es ‘enaltecer a las personas, no humillarlas’. Una función que todos deberíamos ejercer, independiente, del tipo de piñón que consideramos ser en el engranaje de la maquinaria llamada sociedad.
La oferta crea su propia demanda y, solo proveyendo constantemente podemos esperar aumentar la demanda por los sustancial sobre lo superficial —tanto en nuestra existencia como en el ideal colectivo al que llamamos cultura—.
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