Todos nos sentimos culpables de vez en cuando y, nos dejamos atropellar por interrogantes de semejante calibre: ¿Por qué procrastine la fecha de iniciación del proyecto? ¿Por qué hice ese comentario en el comité de marketing? ¿Por qué no pedí la dirección del proyecto? Si bien el tema es una posibilidad omnipresente, desgastarse de esta manera poco aporta y sí en cambio puede generar la perdida de energía valiosa. Para contrarrestar dicho efecto, he aquí tres formas para neutralizar los ciclos de omisión: —Protéjase usted primero antes de pretender ayudar a los demás. No puede ayudar a nadie (superiores, colegas, o amigos) si está usted devastado. Ante todo, dedique tiempo a sus prioridades. Si ha elegido un trayecto, no titubee ni se deje desviar del camino por los requerimientos de los demás. —Preste atención a cómo está usted afectando a quienes lo rodean. Su insistencia en la perfección puede extenderse a su interacción con los demás. Diga usted, por ejemplo; si se presiona constantemente para alcanzar el mejor rendimiento, su equipo puede sentirse culpable por no cumplir con sus mismos estándares. —Desconéctese de sus responsabilidades de vez en cuando. No siempre es malo relajarse y no hacer nada sencillamente. De hecho, el bienestar personal es un paso crucial para lograr sus objetivos. No permita que su espacio de trabajo o la cultura corporativa lo lleven a sentirse culpable por no emplear cada minuto de su cotidianidad realizar algo productivo.
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