Cada historia de éxito implica contar con algo de suerte. Dígamelo a mí que, tengo un hijo adolescente, futbolista de alto rendimiento y aspirante a integrar la plantilla de jugadores de algún equipo del Fútbol Profesional Colombiano. Amanecerá y veremos, dicen por ahí. Igual, y ya retomando mi relato; la serendipia no está del todo fuera de nuestro dominio, como comúnmente sugiere la sabiduría popular, y según se lo entendí a Thomas Roulet y Ben Laker en una lectura de HBR. Para el efecto, sugieren los autores que, existen dos maneras de incorporar la suerte en su trayectoria profesional. En primer lugar— ejerza activamente el concepto de ‘interrelación casual por redes’ o, como quien dice; conectarse con otras personas para conocerlas, entender sus perspectivas y su narrativa. Si por casualidad, alguna narrativa en particular le llama poderosamente su atención, ocúpese de profundizar al respecto. Interróguelos sobre cómo fue que descubrieron sus pasión, lo que han aprendido y lo que les gusta o disgusta de su cargo, posición de juego o equipo o segmento industrial. Los aprendizajes al respecto pueden estimular en usted un nuevo sentido de motivación o una visión que podría llevarlo a su próximo nivel profesional. En segundo lugar— observe las grandes transformaciones en su existencia desde una óptica de posibilidad en lugar de una de temor. Cierto, aquellas transformaciones de las cuales no tenemos control infunden temor, sin embargo, procure percibirlas como oportunidades: ¿Qué puede aprender de dichos cambios? ¿Cómo puede capitalizar la interrupción que generan? Así pues, el enfoque de ir con la corriente y confiar en que surgirán nuevas oportunidades con el tiempo puede eventualmente rendir sus frutos en el porvenir.
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